código de ética

Los siguientes puntos deben ser respetados por todos los colaboradores del cuaderno ERIZO: investigadores, escritores, editores, diseñadores, administradores, distribuidores y publicistas. Etimológicamente, respetar significa «volver a mirar», «no perder de vista algo». Lo que los colaboradores del cuaderno ERIZO no perderemos de vista serán los puntos de este código:

☞Nuestro valor principal es la honestidad: la feroz conciencia y consecuencia de uno mismo. No inventamos la «realidad», no la trastocamos o la distorsionamos de forma deliberada; los efectos literarios que producimos en nuestros textos son sinceros, «sin cera»: no maquillamos espacios ni personas ni voces ni datos. Honestidad brutal, diría Andrés Calamaro.

☞Dudamos, eso sí. Dudamos de la «realidad» y dudamos de nuestra mirada frente a la «realidad». Investigamos, entrevistamos, escribimos, editamos y actuamos siempre con sospecha: ¿qué contar, por qué contarlo, para qué?

☞Dudar significa pensar; si no existe una lucha de ideas en la cabeza, entonces eso que resuena no es pensamiento. En el cuaderno ERIZO tenemos esta idea fundamental: entre la verdad y la paz, preferimos la verdad. Un periodista es más interesante cuanto más trabaje en contra de la comodidad. La pereza no es bienvenida en esta redacción.

☞El realismo lo colocamos por encima de la fantasía. Somos materialistas, no utópicos. Si en el fondo nuestra práctica periodística busca cambiar la «realidad», lo haremos a través de la crítica analítica de ésta y no inventándonos nuevas realidades. Preferimos la materia sobre el espíritu, la cafeína sobre el alcohol, la ciencia sobre la ciencia-ficción. Preferimos los documentales políticos a las películas de súper héroes.

☞Nuestro trabajo consiste, a grandes rasgos, en diseminar y complejizar (problematizar) la «realidad» que tenemos enfrente. Aquí un posible método: odiar lo que deseamos y desear lo que despreciamos.

☞Rechazamos todo protagonismo; estamos al servicio del otro. Las historias que encontramos están por encima de nuestra escritura.

☞En la práctica de contar las historias del otro, seguimos este sistema moral: estamos contra los poderosos y estamos con los vulnerables. En términos políticos, nuestro oficio consiste en derribar a los opresores y acompañar a los oprimidos.

☞Buscamos el lenguaje justo, no el lenguaje neutro. Escribimos con claridad, con precisión y sencillez (sencillez no es simpleza, y precisión no es inflexibilidad).

☞Somos gente que hace periodismo sobre la gente para la gente. Buscamos lo cotidiano, no lo extraordinario; lo común y lo corriente que de tan común y tan corriente se vuelve extraño. Y como buscamos el efecto del amor, de la enfermedad, de la catástrofe, le decimos a la gente lo que no quiere saber. ¡Estamos contra la inocencia!

☞Respetamos el ejercicio periodístico de los otros: reconocemos la información y reconocemos las fuentes. No copiamos, pegamos y publicamos, sino que creemos en la observación sostenida y en la investigación permanente.

☞Con la fe del pescador, el ascetismo de quien se olvida de sí y la concentración de un monje, nuestro trabajo es hacer pública la historia del otro. Los lectores que nos encuentran en el camino son consecuencia de nuestro trabajo. Tratamos al interés del otro sobre otro otro –a nuestro lector– como un milagro, no como una carnada.

☞Libertad. Somos libres. No tenemos presión ninguna más allá de nuestra egocéntrica y minúscula conciencia (ideología, moral y otras formas de la costumbre). En términos prácticos, no respondemos a ninguna presión partidista, eclesiástica, comercial o amiguista. En este sentido, somos independientes. En todos los demás sentidos, nos asumimos como un colectivo codependiente.

☞Somos responsables no sólo con el otro, sino con nosotros mismos: reconocemos la dependencia que tenemos con nuestra ideología, nuestra moral y otras formas de la costumbre (y reconocemos, como lo hizo Juanga, que la costumbre es más fuerte que el amor).

☞Utilizamos fuentes confiables; indagamos sobre los motivos y las intenciones de las personas que entrevistamos y la información que consultamos. Confianza: no tomamos atajos, no recurrimos al engaño para conseguir información, no forzamos una declaración. Wikipedia, la persona que está enfrente y la ocurrencia precoz son buenos lugares para empezar, pero nada más.

☞Distinguimos las ideas de las ocurrencias. Sabemos que entre una y otra está el tiempo y la profundidad del pensamiento complejo. Practicamos, así, el periodismo lento: no buscamos titulares, buscamos historias; no «Estados Unidos lanzó la bomba atómica en Hiroshima», sino «La crónica de un embarazo que se gestó en las afueras de Hiroshima el día en el que estalló la bomba atómica». Somos los periodistas que buscan historias ahí donde ya se fueron los titulares.

☞Nos colocamos en el extremo opuesto del influencer. No sólo no queremos influenciar a nadie, sino que nuestro trabajo consiste en desinfluenciarnos de nosotros mismos para poder contar, con ideas pero sin prejuicios, la historia del otro.

☞Nuestro compromiso es con lo público; no buscamos reducir lo privado. No publicamos conversaciones privadas sin el consentimiento de todos los participantes en la conversación.

☞Respetamos el secreto profesional y la identidad de las fuentes, secreciva si ellas así lo manifiestan.

☞No mentimos, no flojeamos; no plagiamos. En caso de utilizar el trabajo de alguien más, lo señalamos de manera clara y precisa.

☞Antes de publicar un perfil o una crónica sobre una persona o una asociación, le mandamos una copia del perfil o la crónica que construimos. Lo cortés no quita lo terrible.

☞Nos equivocamos. Nos equivocaremos. Y nos volveremos a equivocar. Pero lo haremos con conciencia. Cometeremos errores, pero esos errores serán producto de la duda y el debate. Asumimos nuestros errores y los corregimos puntualmente mediante una fe de erratas.

☞En el dilema de qué fue primero, si el huevo o la gallina, la estética es un asunto ético. Cuando escribimos, no buscamos la belleza de las palabras, sino la claridad de las ideas. Y claridad significa:

  • Utilizar palabras comunes, evitar las palabras pomposas; escribir como la gente habla y no como el diccionario de sinónimos extravagantes sugiere.
  • Liquidar los eufemismos. No hay nada más heteropatriarcal que pensar que hay que suavizarle las cosas al otro.
  • El adjetivo es la forma gramatical de imponer un juicio. Y como no somos jueces sino periodistas (iluminamos, no sentenciamos), consideramos a los adjetivos como males necesarios: elegimos pocos y los elegimos con asco, es decir, con desconfianza y esmero.
  • Los verbos y los sustantivos son los que hacen caminar a nuestros textos.
  • La coma sólo se utiliza cuando el punto y seguido no es suficiente.
  • (Hemingway construyó una obra descomunal con menos de 400 palabras y casi ninguna coma. Moraleja: se puede contar una historia compleja con un lenguaje sencillo. Mientras más se aclare el agua, más profundo se vuelve el pozo.)
  • Para que funcionen, los verbos se deben conjugar. Los verbos en infinitivo no dicen nada, así que los evitamos. Evitamos también, más bien detestamos, el gerundio y cualquier oración donde aparezcan dos verbos juntos.
  • Otro signo apocalíptico: «lo cual», «lo que», «los cuales», «el que», etc.
  • Y un último punto sobre la claridad lingüística: todos los textos que pretendemos publicar son leídos y releídos previamente en voz alta.

☞Escribimos, pues, con la cabeza, no con la vehemencia. Pero… tratamos de construir textos que produzcan placer, asombro, risa, indignación, respeto, envidia, mal humor. Para que nuestros textos abran y transformen para siempre la mirada del lector sobre su entorno, buscamos no sólo la frialdad del dato, sino también la emoción del sentido de ese dato.

☞En cuatro verbos, nuestro trabajo consiste en ir, ver, volver y contar. El qué es sencillo, pero el cómo es complejo, pues conjugamos esos verbos (ir, ver, volver, contar) con curiosidad crítica, investigación profunda y claridad lingüística.

☞Entendemos que, así como toda lectura es en realidad una relectura, escribir significa reescribir. Para decirlo con palabras del compañero ERIZO Gramsci, escribimos con el optimismo de la voluntad y reescribimos con el pesimismo de la inteligencia.

Respetar, dijimos al inicio, significa «volver a mirar», «no perder de vista algo». Si llegásemos a perder los puntos de este código de ética, actuaremos con responsabilidad y volveremos atrás para, de nuevo, leerlos y asumir las consecuencias de haberlos olvidado.

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