Fotoperiodismo sempiterno

por R. Antonio Vázquez Rodríguez

¶ Nguyễn Ngọc Loan era un veterano de guerra vietnamita que se mudó a Virginia, EEUU, en los noventas, después de estar herido. Ahí abrió, junto con su esposa, una pizzería. Muy pocos de sus clientes conocían su pasado vietnamita, y menos aún conocían el hecho que era un veterano de guerra. Eso no era importante para ellos. Y no fue importante hasta que lo identificaron en una imagen como el hombre que apunta un arma a la cabeza de un joven a medio sollozo.

Esta fotografía es conocida como La ejecución de Saigón, tomada en Vietnam en 1968. Una fotografía que convertiría a su autor, Eddie Adams, en ganador del premio Pulitzer en 1969. Después de su publicación en la década de los noventas, la pizzería se vio afectada por protestas y falta de clientes, y sus dueños se convirtieron en receptores no sólo de críticas y de miradas de desaprobación, sino también de amenazas de muerte.

Pero regresemos al Vietnam de finales de los 60s. Vietnam se encuentra en un completo caos, la guerra de los soldados de Sur y la amenaza constante de Estados Unidos. Como si fuera poco, tiene que lidiar, además, con un asesino en serie que ha estado causando terror. Durante meses se han encontrado cuerpos de mujeres violadas y asesinadas, que, en un principio, parecen ser víctimas de soldados. Pero la inteligencia militar descubre que es, en verdad, el trabajo de una sola persona, con una metodología inmaculada, y que involucra fosas comunes con niños y jóvenes. Fue gracias a una de estas fosas que pudieron atrapar al asesino, y en ellas encontrar suficiente evidencia para poder acusarlo con seguridad absoluta. Al ser capturado, la gente buscó justicia para sus familiares. De ahí el interés por la fotografía La ejecución de Saigón.

Esto se debe a que una fotografía, entre más personal, mejor su posible interpretación. Es necesario vivir la interpretación. Esta es la base fundamental del fotoperiodismo: cómo lee y cómo interpreta la realidad el lector de la foto se vuelve más importante que lo que quiere, en un principio, mostrar el fotógrafo. La imagen trasciende la noticia misma para convertirse en una memoria en la que nos identificamos. Esto se logra con el pensamiento crítico y una forma subjetiva de ver la realidad desde otros puntos de vista.

Como lo mencionó Narciso Contreras, fotoperiodista ganador del premio Pulitzer, en la pasada conferencia del 27 de enero en el Tec Campus Querétaro, el periodismo es –y está en– un cambio constante. Un cambio de los medios de comunicación, las noticias, los lectores e incluso los periodistas mismos. Pero el conflicto constante del periodismo es que estamos cansados de que este tipo de fotografías sean las que explican quiénes somos. La importancia de cómo asimilamos la cultura es una consecuencia directa a la imagen que proyectamos de ella. En lugar de mostrar el punto de vista de una persona, se vuelve el punto de vista de otra persona que observa a aquella persona de una forma superior, ajena. En la conferencia, Narciso introdujo este término como «visión hegemónica». Esto, asegura él, es una distorsión de la realidad de lo que se desea ver en vez de lo que en realidad es.

En cuanto a Eddie Adams –el fotógrafo de La ejecución de Saigón– vivió el resto de su vida con un profundo arrepentimiento de haber tomado aquella fotografía. En el momento en que conoció el contexto que posteriormente la envolvió, mencionó: «Maté al general con mi cámara. Las fotos son las armas más poderosas del mundo. La gente cree en ellas; pero las fotografías mienten, aun sin haber sido manipuladas».

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