¿Todos somos migrantes?

por Giovana Alviso

¶ Actualmente llegan a Querétaro, aproximadamente, 50 familias diarias. Mi familia fue una de ellas. Ésta fue la sexta ciudad a la que me mudé a lo largo de mi vida. Pero hay una gran diferencia entre las familias iguales a la mía y las familias migrantes. Nosotros no somos migrantes de verdad. Según la RAE, un migrante es una persona que migra. Pero para algunos, ser migrante no sólo significa trasladarse de un lugar a otro, sino que conlleva mucho más. La población latinoamericana ha creado un significado muy particular del migrante con el paso de los años.

Me es difícil imaginar lo que los verdaderos migrantes sienten. Ellos no tienen un plato de comida caliente esperándolos todas las noches. Ni un abrazo cálido de un ser querido cuando ha sido un mal día. Un verdadero migrante sale de su país porque no hay ni un solo frijol en el plato de su familia, porque el crimen organizado quiere reclutar a sus hijos, porque las mujeres fueron prostituidas. Un migrante es el que tiene la «suerte» de escapar. Un verdadero migrante se va para no regresar, porque si se queda se muere.

Una de las razones por las que en Querétaro hay una gran circulación de migrantes es el paso de la bestia. Cabe aclarar que por la bestia no me refiero a un tren en específico, sino a cualquier tren que pase por las vías principales que se dirigen al Norte. Cerca del aeropuerto de Querétaro está la estación Viborillas, donde gran parte de los migrantes suelen descender. Sin embargo, el tren ya no es lo más recurrente para transportarse. Unicamente los migrantes que no tienen otra alternativa optan por él, pues todos saben lo peligroso que es. Los migrantes generalmente buscan otras opciones, como pedir un aventón a los camioneros o, en la medida de lo posible, transportarse en autobuses.

La realidad es que ya ningún método es seguro. Aún cuando existe una Ley Federal de Migración que entro en vigor en noviembre de 2012, donde los principios de la misma estipulan la no criminalización del migrante irregular, respeto irrestricto a los Derechos Humanos y la facilitación de la movilidad internacional de personas salvaguardando el orden y la seguridad, el migrante tiene un precio y ellos lo saben.

En una entrevista con María José Lazcano, Coordinadora del centro de Apoyo Marista del Migrante (CAMMI), organismo que forma parte de la REDODEM (Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes), María José me comentó:

Lo que dicen es que durante la administración de Obama México hizo un pacto para ser una frontera vertical antes de que los migrantes alcancen Estados Unidos. Somos como un filtro. Cada migrante tiene literalmente un precio. Cada uno de ellos vale mil dólares, por ejemplo. Cada que detenemos a un migrante es dinero que paga Estados Unidos para la detención, entonces es un negocio.

En el primer semestre del 2014, se registró un total de 21,031 personas que acudieron a centros de la REDODEM, mientras que en la segunda mitad del año fue de 10,863 personas. Esto se dio por la búsqueda de vías alternas al tren, ya que los albergues se encuentran en su mayoría cerca de las vías férreas. Cabe recalcar que el 34% de las personas registradas no contaba con ningún tipo de escolaridad, el 22% solo con la educación básica y el 17% con una educación básica incompleta, está falta de educación convierte a los migrantes en uno de los sectores más vulnerables para la violación de sus derechos. Tanto ellos, como la población mexicana, tenemos una idea muy ambigua de las condiciones en las que es legal migrar y en las que no.

En el 2008, al derogar los artículos 119 y 124 de la Ley General de Población, se despenalizó la migración irregular. Es verdad que aunque ésta no sea un delito, según la Ley de Migración, para poder transitar por México los migrantes deben ser acreedores de una visa de visitante. Sin embargo, cada vez se rechazan más las peticiones de visa y la protección de refugiados, siendo muy inciertos y poco claros los procesos de resolución. Además, todos los migrantes, tanto regulares como irregulares, deben contar con el respeto de sus Derechos Humanos y eso es algo que sin duda no sucede.

Una vez supe de una chica que al querer simpatizar con un grupo de migrantes les dijo que ella tenía mucho en común con ellos, porque había dejado su país, porque estaba lejos de casa. Inmediatamente la desmintieron, con mucha razón. Las personas como ella y como yo no podríamos entender lo que ellos pasan, no importa qué tanto investiguemos, no importa nuestro grado de sensibilidad. Los migrantes no se hacen ilusiones, no les es posible idealizar el mundo que los rodea una vez que salen de su hogar. Los migrantes sólo piensan en el día que podrán retornar. Los migrantes sólo piensan en el día en que podrán reencontrarse con sus familias. Muchos de ellos sólo tienen algo a lo que le llaman fe, algo que la cultura latinoamericana hemos sobrevalorado y ya ni siquiera entendemos bien su significado.

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