Decisiones trascendentes y personas comunes

por Joaquín Alducin, Mariana J.G. Cházaro y Felipe Melendez

—¿En qué año vas?
—En el último semestre de prepa.
—¡Qué emoción! ¿Y qué vas a estudiar?
—…

Así es como inician los futuros graduados casi cualquier conversación. Tan sólo unos meses atrás, era posible contestar un simple «no sé» para recibir una respuesta alentadora del tipo «no te preocupes, aún te queda mucho tiempo». Esta elusiva –un «no sé» en sexto semestre– ya no es aceptada. A tres meses de concluir la «educación media superior», los jóvenes indecisos, al enfrentar la pregunta macabra «¿qué vas a estudiar?», optan por elegir la carrera que más les convence en aquella semana particular, temiendo el rechazo social ante su inexistente plan para el resto de su vida. ¿Cuántos alumnos realmente deciden su siguiente paso con convicción y cuántos sólo tratan de eludir la pregunta y toman una decisión apresurada?

«Aún tengo tiempo para decidir qué quiero hacer por el resto de mi vida». Esa es la excusa que todo joven se plantea para postergar el momento de la verdad. Hasta que el fin de la preparatoria se aproxima, y la respuesta sigue sin estar clara. Y cuando llega a estar clara, entra la duda. ¿Acaso alguien está seguro de su decisión?

Tal vez los estudiantes sólo afirman su «vocación» una vez que comienza su siguiente etapa: la universidad. O quizá los alumnos siguen su camino después de la preparatoria sin ninguna convicción de su elección. Para aclarar estas dudas, se podrían analizar los cambios de carrera entre los alumnos. ¿Exactamente cuántos se cambian cada semestre?

«Ese es un dato muy complejo», comenta Hernán (la identidad verdadera de la fuente ha sido omitida por cuestiones de privacidad), de la oficina de Servicios Escolares del Campus. «Se puede obtener, pero es verdaderamente complejo, porque hay que meternos a la base de datos y ver en qué momento un alumno se cambió y a qué. Es revisar varios periodos académicos, todo el historial».

Ante esta imposibilidad o pereza de calcular un aproximado de la cantidad de alumnos que semestre a semestre deciden cambiar de carrera (¿serán tantos?), nos propusimos identificar el semestre en donde ocurre la mayor cantidad de cambios de carrera.

«Habría que determinar en qué semestre se cambian más. Si es en el primer semestre –comenta Hernán– ese es un indicador de que los alumnos no están decidiendo bien al momento de elegir una carrera… No hay un porcentaje. Es complejo». Es decir, los cambios de carrera son tan variados que es difícil generalizar un momento específico en el que ocurre la mayor cantidad de ellos. Esto según una fuente de la oficina de Servicios Escolares, organismo encargado de realizar dichos cambios. Sin embargo, la respuesta es diferente cuando se le pregunta a un director de carrera, autoridad responsable de autorizar los misteriosos cambios.

Paris Gómez, director de la carrera de Comunicación y Medios Digitales entre el 2012 y 2014, comentó que los cambios de carrera, en su gran mayoría, se realizaban en el primero o segundo semestre. «Después del tercer semestre es rarísimo que un joven se cambie de carrera, y ya después es totalmente atípico». Por su parte, el número de alumnos que cambiaron de decisión no fue difícil de calcular. «De 75 alumnos que yo recibí, en su primer semestre, 4 decidieron irse a otra carrera. Pero por otro lado yo recibí 11 cambios a Comunicación». En su experiencia personal, sólo un alumno cada semestre salía de Comunicación.

Los tres tutores entrevistados de preparatoria y Diana Borja, de la Oficina de Admisiones, llegan a una misma conclusión: en su gran mayoría, los alumnos que se gradúan de la prepa del Tec de Querétaro tienen una muy buena idea de qué es lo que estudiarán. Sin embargo, sí existe ese considerable porcentaje de alumnos que se encuentran conflictuados con las decisiones que tomaron. La cifra más mencionada (aunque no exacta) fue de aproximadamente entre 10 y 15%. ¿Qué sucede con estos alumnos? Es cierto que en la prepa existen varios cursos de «orientación vocacional», pero pareciera que estas materias no influyen lo suficiente en los estudiantes indecisos.


Factores que más influyen en la decisión

¿Qué tiene mayor peso en la decisión profesional? ¿Son los gustos e intereses? ¿La presión familiar? ¿Las tendencias de la época? ¿La condición social? Todos conocen personas que estudian o se dedican a la misma profesión que sus padres, situación especialmente notoria entre abogados, doctores o empresarios. Sería imposible afirmar que todos ellos sufrieron de presión familiar por tomar una determinada decisión, pero tampoco se puede descartar el factor familiar como uno de los más influyentes en el proceso.

Para resolver estas dudas, nadie mejor que los tutores de preparatoria. Es decir, aquellos profesores que, entre otras materias, imparten las relacionadas con orientación profesional. Los entrevistados, analizando sus propias experiencias, llegaron a conclusiones diferentes con respecto al orden de los factores según su importancia en la decisión.

«Uno de los factores más importantes tiene que ver con la familia, porque es en la familia donde tú vas acercándote a las diferentes profesiones. El segundo factor es la escuela y toda la orientación que pueden recibir los alumnos por parte de los profesores». Esta fue la respuesta de uno de los tutores, muy diferente a la ofrecida por el segundo: «El énfasis está en la parte de los intereses. Cada vez más, los alumnos están decidiendo por sí mismos. Cada vez menos los papás tienen injerencia en la decisión del estudiante».

Otro factor que tiene más influencia de la que se pensaría en la elección profesional es la ubicación geográfica. «El que Querétaro tenga un gran campo industrial juega un papel importante para que los alumnos empiecen a tomar una decisión relacionada con ingenierías», comentó el profesor entrevistado. No es de extrañar entonces que las mayores universidades de Querétaro ofrecen estudios de Ingeniería Industrial, Mecánica y afines.

Yo creo que hay un valor social mucho mayor por una ingeniería que por una licenciatura.


No estudiar

Al investigar sobre las decisiones de los jóvenes, nos hemos dado cuenta que en realidad no todos tienen que estudiar para tener un futuro prometedor. Este es el caso de Diego Lira, un estudiante de la prepa del Tec, proveniente de San Miguel, que no planea continuar con sus estudios después de graduarse, al menos por ahora. En lugar de pasar a universidad, Diego desea dedicarse completamente a sus negocios, los cuales a la fecha le han permitido independizarse económicamente de sus padres. Actualmente él mismo financia su preparatoria. Su primer negocio importante inició como un apoyo a su hermano, donde aprendió sobre las casas de préstamo. Posteriormente decidió continuar con ese negocio en Querétaro.

Cuando le preguntamos por qué tomó la decisión de no estudiar una carrera profesional, Diego Lira comentó: «Para mi caso no lo considero necesario, porque no creo que salga suficientemente preparado para enfrentar los retos de la carrera que quiera estudiar. Aunque estudies, no tienes la práctica del trabajo».

Diego nos comentó también que esta decisión la tomó durante la prepa al ver lo poco que había aprendido en relación a todas las materias que ha llevado. Diego considera que actualmente cuenta con el mismo conocimiento con el que empezó en su primer semestre.

Únicamente el 24% de los jóvenes de 20 años están matriculados en educación superior, según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. «En nuestro ámbito sí existe presión social por estudiar una carrera profesional, ya que vamos en una preparatoria de paga y se espera que hagamos una carrera, porque tenemos más oportunidades económicas que los demás mexicanos, pero es muy diferente para quienes van a una preparatoria pública», comentó Diego.

Como él, existen muchos jóvenes en todo el país. Al observar la realidad social, es claro que un título universitario no es indispensable para tener éxito profesional. Las habilidades personales y competitivas que motivan a los jóvenes a perseguir sus metas no sólo se desarrollan dentro de un centro de estudios.

Yo solo me he encontrado con un alumno, un solo alumno, que ha decidido no estudiar.


La indecisión como decisión

La estructura del proceso formativo exige a los jóvenes de entre 17 y 18 años tomar una decisión que, se cree, tendrá un impacto importante en su vida.

Aunque existe una enorme influencia (social, económica, familiar) por inscribirse a una universidad, también existen factores que influyen en tomar la decisión contraria: no estudiar una carrera. «Tiene que ver un poquito con la personalidad, pero también quizá con la falta de interés. Hay muchos jóvenes que viven al día porque es un signo de la juventud, de la actualidad», nos comentó un profesor.

La juventud actual es frecuentemente criticada por despreocuparse del futuro y darle quizá mucha importancia al presente. Es una actitud que las generaciones mayores reprueban, acaso por experiencia o por falta de comprensión. Se podría llamar a la indecisión como una decisión en sí misma, una que quizá es tan válida como cualquier otra. A fin de cuentas, no se puede esperar que absolutamente todos los adolescentes tomen la misma decisión en el mismo momento. Como dijo el profesor: «en la vida cada quien lleva su paso, no necesariamente todos tenemos que caminar con la idea bien segura y con la misma certeza».

Aún así, a estas alturas, inclusive los alumnos que preferirían no decidir han decidido ya qué estudiar. El sistema de aplicaciones que manejan las distintas universidades te obliga a inscribirte por estas fechas. Además, existe una alta presión social que hace que la idea de no estudiar, o de tomarse un «año sabático», se convierta, según nos comentan, en una decisión que tendrá «repercusiones negativas en tu futuro».

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