Guns oh! –un perfil de Hunter S. Thompson

por Rebeca Angulo e Isaac Aguilar

¶ Febrero de 2005, una noche despejada y un cañón casi tan alto como la Estatua de la Libertad con un puño cerrado apretando una flor de luces color neón. Al ritmo de la balada Mr. Tambourine Man de Bob Dylan, fuegos artificiales salpican un cielo oscuro y, tras un estruendoso estallido, las cenizas de una leyenda son lanzadas a la estratosfera. Un adiós único y excéntrico. La despedida dejó a muchos con lágrimas en los ojos, en especial a un personaje particular: Johnny Depp, quien sufría la pérdida de una amigo cercano –además del desembolso de 3 millones de dólares para cumplir el último deseo de su difunto camarada. Hablamos de Hunter S. Thompson, un hombre de tez apiñonada, con no más de 1.80m de alto, calvo, gafas oscuras y con una voz brutalmente auténtica: ágil pero ahogada, vibrante y, aunque ligera, poderosa; una voz que yace ahora en múltiples crónicas, reportajes y perfiles.

Remontándonos 68 años antes de este magno réquiem. Nos encontramos en Louisville-Kentucky, lugar de nacimiento y hogar de Hunter Stockton Thompson. Creció en el llamado Triángulo Cherokee, un barrio histórico de las zonas altas de la ciudad. Ahí, a los pocos años, se convertiría, con una pasión desbocada, en un alcohólico y en un amante de la lectura.

Durante su juventud, pasó algún tiempo en la cárcel por pequeños robos. En 1979 relató en una entrevista que su infancia transcurrió de prisión en prisión:

He sido un delincuente juvenil, el típico. Me dedicaba a robar pequeñas cosas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más. Sé más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país. De los 15 a los 18 años mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles.

Sus padres, Jack y Virginia, se casaron en 1935, pero a la muerte del padre, Hunter, junto a sus hermanos, quedaron al cuidado de su madre, quien tenía fuertes problemas de alcoholismo.

En la década de los 50, a los 19 años, sirvió en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Pero fue dado de baja en 1958 por su oficial superior W.S. Evans, quien dijo: «en suma, este soldado, aunque talentoso, no podrá ser guiado por las políticas, a veces su actitud de superioridad y rebeldía parece pegarse en otros miembros de la escuadra».

Continuó sus estudios en la Universidad de Columbia para tomar un curso de escritura de cuentos mientras trabajaba en la revista Time como copista. Ahí aprovechó para copiar libros como El gran Gatsby y Adiós a las armas; admiraba el estilo de Fitzgerald y Hemingway. Sin embargo, fue despedido de la revista Time por insubordinación en 1959. Tras este acontecimiento, se mudó a Puerto Rico para continuar con su trayectoria profesional en la revista deportiva El Sportivo; esto le permitió viajar a Sudamérica, donde escribió como freelance y trabajó para The National Observer.

Su primera esposa fue Sandra Dawn Conklin, con quien tuvo un hijo: Juan Fitzgerald Thompson. Intentaron tener más hijos, pero lamentablemente sufrieron 3 abortos y 2 de sus hijos murieron al poco tiempo de nacidos.

«No te limites a crear, forma parte de tu creación»

Hunther S. Thompson se convirtió en una de las figuras más importantes del periodismo; era un hombre apasionado, inteligente y crítico de la sociedad, el gobierno, la política y el propio periodismo. Se le señala como «el escritor cómico estadounidense más grande del siglo XX».

Durante la década de los 70, fundó el «periodismo Gonzo», un estilo que convierte al periodista en parte importante de la historia; el escritor Gonzo es el propio experimentador de la acción periodística.

La obsesión de Thompson era perseguir y comprender el origen del Sueño Americano –o lo que quedaba de él. Dar testimonio del estado en el que se hallaba esa ilusión o fantasía, algo de lo que nadie a esas alturas sabía nada, mucho menos en qué consistía o dónde se encontraba. James Truslow Adams, escritor e historiador, describe así al Sueño Americano: «La vida debería ser mejor y más rica y llena para todas las personas, con una oportunidad para todo el mundo según su habilidad o su trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias en las que nace». Thompson, en su obra Miedo y asco en Las Vegas, hace una sátira cómica hacía este Sueño Americano. Lo presenta como una lucha continua entre lo que depara la realidad y lo que ofrece la fantasía, la ficción y el mundo de las drogas alucinógenas.

Uno de sus libros más importantes, no solo por el estilo y la historia que cuenta, sino por el significado político que tiene es Hell’s Angels: The Strange and Terrible Saga of the Outlaw Motorcycle Gangs. Susan McWilliams, profesora en política y escritora de The Nation, menciona que lo verdaderamente sorprendente al leer este libro es lo bien que Thompson previó la represión de la política de derecha y cómo se anticipó a la política Americana del siglo XXI.

Thompson concluyó en su libro que lo más llamativo de los Hell’s Angels no era su hedonismo, sino su «ética de represalia total» contra una América tecnológicamente avanzada y económicamente cambiante en la que sentían que habían sido contados y dejados atrás. Thompson vio el atractivo de esa ética de represalias. Afirmó que una pequeña parte de cada ser humano anhela quemarlo todo, especialmente cuando se enfrenta a poderes grandes e impersonales que parecen hostiles hacia su propia existencia. En Estados Unidos, un lugar de poderes cada vez mayores y más impersonales, la ética de la represalia total se convertía, poco a poco, en norma social y política nacional.

H.S. Thompson, distinguido por cruzar los límites periodísticos, hacía hasta lo innecesario para compartir lo necesario. No sólo se detenía a ser un observador y crítico de los hechos, sino que él mismo se mezclaba y se volvía parte de la historia. Estaba dispuesto a vivir las experiencias, aún las más amargas, de los «protagonistas».

Entre sus trabajos más memorables publicados en la revista Rolling Stone, una de las más prestigiosas a nivel mundial y donde trabajó como corresponsal político, se encuentran: Bill Clinton: The Rolling Stone Interview, A Dog Took My Place, Muhammad Ali: Last Tango in Vegas, Fear and Loathing on the Campaign Trail ´76, Fear and Loathing in Washington: It Was A Nice Place. They Were Principled People, Generally y Fear and Loathing at The Watergate: Mr. Nixon Has Crashed His Check.

El trabajo de Hunter S. Thompson era extraño y revolucionario, satírico, sincero y brutal. Sus escritos llegaban siempre tarde, desvinculados y a veces ininteligibles. Sin embargo, se podía sentir la esencia de novedad; la disonancia que tenían para esa época los hacía únicos.

Thompson, conocido por ser «un maldito héroe de las libertades individuales», se enfocó en escribir artículos en los cuales criticaba la contracultura que se desarrollaba por ese entonces en San Francisco, diciendo que los hippies de finales de los sesenta carecían de ideas políticas además de no aportar ni tener algún tipo de valor artístico. Uno de sus trabajos más controversiales fue la cobertura que hizo de las elecciones de 1972, donde hizo una crítica feroz hacia Richard Nixon:

Nixon era capaz de estrecharte la mano y apuñalarte en la espalda al mismo tiempo. Su ataúd debería haber sido lanzado en uno de esos canales de aguas residuales que desembocan en el océano, justo al sur de Los Ángeles. Era un cerdo y un idiota incoherente como presidente. Él era un hombre malvado –malvado de una manera en la que sólo los que creen en el diablo como entidad física pueden entenderlo.

Thompson era partidario de la justicia social y las libertades personales. Creía que el gobierno desempeñaba un papel importante en la vida diaria de las personas, especialmente en materia de lo que podían hacer con su propio cuerpo. Hunter S. Thompson estuvo metido en todas las arenas políticas y sociales de finales de los años sesenta, época en que presenció los movimientos liberales de San Francisco, tiempos de rock y muchas drogas, donde existió la posibilidad de vivir una utopía sólo contrarrestada por la falta de derechos civiles contra las minorías (homosexuales y gente de color); las guerras, especialmente la de Vietnam; y el asesinato de los Kennedy, hechos que marcaron a intelectuales Estadounidenses cuya esperanza sobre un futuro halagador para su país se perdía.

Hunter S. Thompson fue el primer escritor en darse cuenta de la muerte de todos los ideales por los que se estaban luchando en la década de los sesenta. Fue testigo de estas atrocidades. Vivió el final de la guerra de Vietnam: viajó a Saigon con fines periodísticos, llegando en medio del caos mientras Vietnam colapsaba y donde todos los periodistas buscaban la manera de salir. Al poco tiempo cancelaron el proyecto; solo, sin seguro médico ni financiamiento, el escritor decidió quedarse a escribir la historia. Otro ejemplo de su osadía como periodista y como persona.

En 1970 sorprendió a medio país cuando se postuló como candidato a sheriff del pueblo con un programa cuyo lema era que «toda droga que mereciese ser consumida, sería gratis». El símbolo de su partido era una planta de peyote. Todo muy atractivo, pero perdió las elecciones por un pequeño margen.

En 1980, tras el divorcio con su mujer, Thompson partió a cubrir la invasión de los Estados Unidos a Granada y comenzó a escribir sobre pornografía para la revista Playboy.

The Joke’s Over

Hunter S. Thompson no solamente fue reconocido por sus talentos periodísticos, también se hacía notar por su singular adicción a las drogas. Las sustancias alucinantes liberaron su manera de pensar y, al mismo tiempo, le anclaron a un estilo de vida desequilibrado. Consumía bastante cocaína y alcohol a lo largo del día, rematando diariamente con un ácido después de la cena. La periodista E. Jean Carroll describe esta «dieta» de Thompson en su libro Hunter: The Strange and Savage Life of Hunter S. Thompson: «bebía una cantidad enorme de alcohol y también consumía Halcion, que es una combinación bastante peligrosa. Puede causar la muerte. El funcionamiento del hígado de Hunter S. Thompson es probablemente tan misterioso como el funcionamiento de su cerebro. Le fue muy bien al sobrevivir tanto tiempo con esa dieta».

Como era de esperarse, sus vicios también lo afectaron en el ámbito profesional. En 1974 fue enviado a Zaire a cubrir el combate de boxeo entre Mohamed Ali y George Foreman, combate en el cual se ausentó por estar ebrio en la piscina del hotel.

Durante los años 80 Thompson entró en una crisis profesional. Le era muy difícil terminar de escribir los encargos que recibía, además de haber sufrido el divorcio de su segunda esposa. Durante los años 90, continuó como colaborador en temas políticos con Rolling Stone y publicó una larga entrevista a Bill Clinton.

En febrero de 2005, Thompson publicó su última columna, ya que el 20 de ese mismo mes el creador del periodismo Gonzo se quitó la vida de un tiro en la cabeza con un arma calibre .45 mientras se encontraba en su residencia en Woody Creek-Colorado. La policía encontró una nota de suicidio; fue publicada en Rolling Stone bajo el título «Football Season is Over»:

No más juegos. No más bombas. No más paseos. No más diversión. No más natación. 67. Son 17 años más pasando los 50. 17 años más de lo que necesitaba o quería. Aburrido. Siempre soy grosero. No más diversión para nadie. 67. Ya es demasiado. Compórtate de acuerdo a tu edad. Relájate, no va a doler.

Además de esta nota, dejó escritas las especificaciones para su funeral: sus cenizas debían ser lanzadas por un cañón colocado a 47 metros de altura sobre una estatua que él mismo había construido en su «fortaleza» de Woody Creek.

La vida no debe ser un viaje a la tumba con la intención de llegar con seguridad, con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien de llegar patinando con furia en una nube de humo, completamente agotado, totalmente desgastado y proclamando en voz alta «¡Joder! ¡Qué viaje!»

Thompson murió con agudos problemas de salud. Su alcoholismo le había pasado factura y el síndrome de abstinencia lo hacía verse demacrado, además de haber pasado por diversas cirugías que lo dejaron incapacitado, prácticamente inmóvil en una silla de ruedas y con fuertes dolores. Ralph Steadman, ilustrador Británico y uno de sus amigos más cercanos, escribiría en su libro The Joke’s Over: «él me había dicho 25 años antes que se sentiría realmente atrapado si no supiera que podía suicidarse en cualquier momento. No sé si eso es valiente o estúpido o qué, pero era inevitable. Él siempre había dicho que lo haría, pero eso no te prepara para la realidad del brutal acto. Como dije ya hace mucho, siempre supe que algún día tomaría ese camino, pero ayer no sabía que sería hoy».

La leyenda cumplió su promesa, liberándose de su prisión de la manera más egoísta, pero respetable. Dejando el recuerdo de un Hunter S. Thompson políticamente incorrecto y carente de pudor para los medios y el de un fiel amigo, padre y esposo en sus seres queridos; un drogadicto cínico para los amarillistas y un genio innovador del género para los escritores. A pesar de llevar una vida trastornada y bizarra, llena de excesos y de criticas y de ataques hacia su persona, siempre será recordado como uno de los más grandes en el mundo del periodismo.

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