«El momento del otro» –un perfil de Leila Guerriero

por Pamela Alvarado y María Fernanda Niembro

¶ Brutal, rancio, sofisticado, elástico y nada romántico: así surgen los calificativos cuando se habla de crónicas literarias como Los suicidas del fin del mundo, Frutos extraños o uno de sus tantos perfiles sobre artistas o escritores; todo realizado mientras Leila Guerriero anda de un lado a otro, buscando cómo financiar su trabajo y su día a día. Desinteresada de la crítica y la investigación, una de las mejores cronistas de Latinoamérica, si no es que la mejor, ve más cine de ficción que documentales y lee más historietas que libros de investigación. «No soy comunicóloga, ensayista, socióloga, filósofa, pensadora, historiadora, opinadora, ni teoricista ambulante», dijo poco después de ganar el premio Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano por la crónica El rastro en los huesos. Leila Guerriero es periodista; eso es lo que le interesa: contar historias reales.

Delgada, de tez blanca, labios delgados que funcionan como túnel para la salida de una voz medio grave, haciendo poco uso de sus manos al hablar y clavículas que parecen querer salir de su pecho, Leila Guerriero no estudió periodismo ni letras, sino Turismo en el Colegio Nacional Normal Superior de Junín, Argentina. «Quería viajar, escribir; no había ninguna carrera para aprender a escribir, para aprender a vivir de escribir», le cuenta a Benjamín Ríos en una entrevista para Las 2 orillas.

Sin experiencia periodística y ningún contacto en el medio, Leila Guerriero empezó escribiendo cuentos como Kilómetro cero, un relato de ficción escrito en primera persona que mandó a la recepción del diario de Página/12 con destinatario al director Jorge Lanata. Después de eso consiguió su primer trabajo: periodista en la revista mensual de Página/12, Página/30, donde también publicaba Martín Caparrós. Su primera crónica fue sobre el caos del tráfico vehicular en Buenos Aires, en donde se le recuerda haciendo entrevista tras entrevista, transcribiendo y editando más de 40 horas de diálogos.

Nacida en Junín, Argentina, el 17 de febrero de 1967, Leila Guerriero fue hija de una pareja que sobre su cama tenía un cuadro con una frase de Khalil Gibrán: «Los hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida». Su padre le enseñó a pescar, a hacer fuego, a leer, a limpiar pinceles con aguarrás, a escuchar a Beethoven, a beber vino caliente; su madre le enseñó a leer poesía, a estudiar, a ser paciente, a cocinar, a pedir perdón y dar las gracias, a estar y vivir sola, a conducir. «Si pienso en ellos, podría citar esa parte de la Ilíada en la que Héctor, al despedirse de su hijo antes de ir a la batalla, dice: Que algún día se diga de él cuando suba del combate: Helo ahí, es mucho más valiente que su padre. Es una carga pesada. Pero, al menos, no es una promesa de aniquilación».

Leila Guerriero habla como escribe: firme. Con 26 años siendo periodista, es una autora brillante. Camilo Jiménez, quien trabajó con Guerriero en la edición de Frutos extraños, menciona que el éxito de la ganadora del Premio Fundación Nuevo Periodismo en 2010 y del Premio Konex 2014 en la disciplina de Crónicas y Testimonios, está en que es una lectora voraz que lo ha leído todo, desde Hugo von Hofmannsthal hasta José María Vargas Vila; es el tiempo que dedica a sus textos, a la reportería, a la escritura, a la reescritura. Leila Guerriero se exige al máximo en cada nota que escribe.

Es una investigadora exhaustiva, con lenguaje elegante y consciencia de las formas e ideas de una fina ensayista. Colaboró con medios dentro y fuera de Argentina, todos que no fueran competencia directa de donde ella trabajaba. Ha escrito para para La Nación, Rolling Stone, El País, Vanity Fair, El Malpensante, SoHo, Gatopardo, El Universal, incluso ha publicado en medios italianos, rumanos, alemanes… «Yo siempre hice muchas cosas, y siento que el multiempleo no solo es la manera en la que uno puede llegar a hacer lo que le gusta, sino la única manera de mantenerte desafiado, estimulado».

Leila Guerriero ha escrito 5 libros: Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico, Frutos extraños, Plano americano, Una historia sencilla y el reciente Zona de obras, que contiene críticas sobre el oficio del periodista. Las crónicas y los perfiles de Leila Guerriero tienen, principalmente, una función: demostrar que el periodismo bien hecho no ha muerto, y hacer esto cuestionándolo.

Leila Guerriero se considera atea y no habla de tener hijos, excepto si por hijos nos referimos a sus mascotas en plan de rehabilitación: iguanas que necesitan sol para reforzar el calcio, víboras angustiadas, gatos siameses con algún problema de nutrición. Una vez, incluso, tuvo un pájaro aterrador al que debían alimentar con una jeringa.

En la columna que publica en el periódico español El País, ha tocado temas de equidad de género, igualdad social y constantemente hace énfasis en cómo, en la sociedad en la que vivimos, todo aquello que nos resulta distinto es insoportable y aterrador.

¿Qué lee alguien que «lo ha leído todo»? En una entrevista a Martina Putruele, periodista cultural que trabaja en la UBA, respondió que es inevitable para ella dejarse influenciar por otros: «Me varía mucho con el tiempo. En esta década, más que nada, Lorrie Moore; los muy minimalistas, como Richard Ford y, quizás no en la forma de contar pero en que pasen cosas todo el tiempo, John Irving».

Esta mujer de increíbles rizos oscuros y para la que el ocio no existe, es incorruptible. Feroz. En ella empieza y termina el arte de escribir, de hilvanar historias reales. Ella misma describe su oficio así: «Porque no creo en las crónicas que no tengan fe en lo que son: una forma de arte».

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