¡Un monopolio menos! (aunque más o menos) –una crónica sobre la diversificación de entretenimiento deportivo en Querétaro

por José Pablo Castañeda, Juan Pablo Ortega, Valentina Aguilar y Kevin Carrizales

¶ Entre los botes y rebotes de la pelota contra la duela, se escucha el grito de los vendedores. Pasan entre los asientos azules y blancos, dejando una estela de alimentos salados, cerveza y bebidas gaseosas. Recorren las butacas, pasan frente a ti, los sientes cerca mientras allá, al fondo, bota y rebota la pelota. Así se escucha el básquetbol queretano. Y a eso sabe: a nachos sobrevalorados y a micheladas de medio litro.

 

 

La fría noche del dos de febrero se tornó acalorada gracias al buen lugar que ofrece el auditorio José María Arteaga y a la gran actuación de los Libertadores de Querétaro, el equipo de básquetbol de la ciudad. Los Libertadores son el nuevo equipo dentro de la liga. Demuestran su poca experiencia con su posición en la tabla: el último lugar. Pero también demuestran una curiosa esperanza: tienen nuevo entrenador.

La emoción que se siente justo antes del inicio del juego se interrumpe con estas cuatro palabras que resuenan en los altavoces: Y’all ready for this? Con esta pregunta se cortan las luces y empieza el show. Las porristas, junto con Torcho, la mascota del equipo caracterizada por su máscara de luchador color naranja, se preparan para recibir a los jugadores. Al sonido de su nombre, y los gritos de la gente, salen los Libertadores.

El marcador está en ceros. Los LiberFans vuelven a tomar asiento. Los entrenadores están en primera fila, con los jugadores a un costado. Las cámaras están posicionadas para captar los mejores ángulos que, más tarde, serán proyectados en unas pantallas gigantes. Los animadores lanzan sus mejores «¡silencio, Querétaro!» o «¡ruido, Querétaro!», en una clara contradicción que no hizo más que cautivar a la audiencia. Y es que Querétaro, la ciudad que hasta hace unos años estaba llena de queretanos sólos; que no tenía más que un acento dentro de sus diferentes habitantes y permanecía como sombra de ciudades como San Luis Potosí y León dentro de materia de desarrollo económico y oferta cultural, por fin ha dejado de ser un pueblo. Ahora Querétaro es una ciudad, con pluralidad de voces y expresiones. O, al menos, parece ser así hoy en el ámbito deportivo.

La Liga Nacional de Básquetbol Profesional tiene 17 años desde que nació en Durango con 11 equipos. Sin embargo, 4 de estos 11 eran de «Correcaminos»; 4 de 11 equipos eran de Tamaulipas (este dato no aporta nada, pero, ¿para qué quieres en una liga nacional a cuatro equipos de básquetbol de un mismo estado?). De cualquier forma, la liga ha crecido exponencialmente en los últimos 6 años. Primero, por victorias en torneos importantes como el FIBA Américas, complementado así el pase al Mundial 2014 (el mismo año en el que la Selección Nacional de Futbol sufría por llegar a la repesca). Querétaro ha visto este desarrollo y ha tomado la oportunidad de hacer crecer este deporte en su ciudad.

 

 

Remodelar por completo al auditorio José María Arteaga ha sido el principio. Una inversión de 12 millones de pesos por parte del gobierno de Francisco Domínguez (para que lo ubiquen: fue el que en una ocasión se agarró a patadas a otro senador en el Salón de Plenos de la Cámara Alta). El actual gobierno estatal remodeló un auditorio que estaba en «pésimas condiciones», según dijo el director del INDEREQ: Markus López Winkler.

Con proyectos como la remodelación del Arteaga, acompañados de otros como Brigada Balón Básquetbol (que les tendremos que explicar con nuestros pocos conocimientos porque en la página de los Libertadores sólo dice Error 404 Not Found), que consiste en la habilitación de centros deportivos gratuitos para que el deporte escogido se extienda en la población, el básquetbol en la ciudad se ha desarrollado y el cariño hacia este deporte ha logrado convertirse, por momentos, en espectáculo.

Para explorar un poco más esta iniciativa tuvimos el placer de hablar con un integrante de las fuerzas básicas del club: Mario López. Mario nos explicó sobre la facilidad que hay para entrar al equipo, aunque no para permanecer. La habilitación de estos centros deportivos hace más fácil la práctica y genera interés, sobre todo, en los niños, pero la constancia que se requiere para estar en fuerzas básicas de un equipo de básquetbol no la soporta cualquiera. Esto se debe al todavía prácticamente nulo fanatismo que se le tiene a un basquetbolista profesional en México. Si lo que se quiere es fama, es mucho más fácil entrar a cualquier equipo de futbol (inclusive al Veracruz), ser constante durante unos 5 partidos y ganar reconocimiento excepcional en redes y Paninis.

A pesar de estar tan cerca del país en el que el básquetbol es uno de los deportes más celebrados, los mexicanos no han tenido tanta suerte para poder entrar a las ligas mayores. Para ejemplificar de una manera más concreta, a lo largo de treinta años solamente seis jugadores mexicanos han podido sobresalir en la liga más popular de este deporte, la NBA.

Y es que los inversionistas, extrañamente, se han quedado atrás. Tomando el ejemplo de Querétaro, donde puedes ver que en el país el básquetbol va tomando más popularidad, que la selección fue campeona en el FIBA Américas y tuvo una actuación respetable en el Mundial; sería algo torpe no invertir en este deporte. Sobre todo si consideras que el gobierno del mismo estado te proporciona un lugar para desarrollarlo. Pero bueno, a veces el gobierno se mueve más rápido que el mercado. O al menos así parece.

Aquel dos de febrero, al terminar el juego, tuvimos también la oportunidad de hablar con Iris Marley Harris. Ella nos habló un poco más sobre el incremento de la oferta deportiva, el monopolio que, cree, perdurará en Querétaro con el futbol, pero también Iris Marley nos habló del apoyo y la importancia del mismo para esparcir la cultura del básquetbol entre los queretanos. Marley trabaja en el área de comunicación social del INDEREQ, por lo que está sumergida dentro de esta clase de programas para, no sólo el básquetbol o futbol, sino también los demás deportes. Por ejemplo, esto: Brigada Balón Béisbol.

Pero el partido aún no comienza. El oponente de esta noche es la Fuerza Regia, proveniente de Monterrey. Los regios son –también– los actuales campeones de la liga. Una mezcla entre los espectadores de playeras naranja y amarillo hacen del Arteaga la mejor bandera humana de Catalunya. Un alborotador «¡ruido, Querétaro!» en cada ocasión que el equipo ataca enaltece a los Libertadores y aminora los pequeños «¿vamos, Fuerza?» que los regios producen. Música y más música. Nachos, micheladas y más nachos. Las porristas bailan al ritmo de «Criminal» y las enormes pantallas LED enfocan a todos los niños de 11 y 12 años que, al parecer, acaban de descubrir que el cuerpo humano se puede mover así. Torcho, el enmascarado naranja del básquetbol, lanza playeras. Intenta que la gente se levante de sus asientos para crear cierto ambiente. Tomamos asiento en nuestros lugares sobre inmensas olas de butacas del color del partido en el gobierno, como ya es costumbre en este estado por momentos rojo, por momentos azul. Mientras tanto, un señor con tambores, y con rasgos físicos similares a Mauricio Ortiz Rousset, se pelea con el staff para poder seguir apoyando a su equipo y hacer a un lado a su acompañante para salir, él solo, en la «Bongoe Cam» y poder así robarse el show antes del comienzo.

 

 

Los jugadores salen a la cancha para calentar y, posteriormente, entonar el Himno Nacional (aunque sólo una de las cuatro estrellas de los Libertadores se lo sabe). Así comienza el partido. La emoción se hace notar inmediatamente entre los LiberFans: sorprendidos, se dan cuenta que su equipo le va ganando al campeón. Fallos constantes de Fuerza Regia son el combustible para los constantes «¡ruido Querétaro!» que todo el Arteaga grita. El rebote de la pelota, el rechinido de los tenis en cada jugada y el presenciar al doble basquetbolista de Oribe Peralta –ex-delantero de Santos– sólo hizo que nos diera hambre. Así que fuimos en busca de una cerveza, unos nachos y, también, por qué no, unos dorilokos. Nos arrepentimos al primer nacholoko de no comprarle las semillas de cinco pesos a la señora que estaba afuera del auditorio.

Así transcurrió todo el juego. Problemas entre los tres marcadores que ponían al equipo de casa como parcial perdedor, aún cuando iban ganando; porristas entrando en cada tiempo fuera o cambio de cuarto, para pasar al entretenimiento de medio tiempo con un ciclista al que, por alguna razón, le gustaba saltar a gente que se tiraba sobre la duela. Sin embargo, si comparamos, este fue aún mejor que el entretenimiento de medio tiempo en los partidos de Gallos donde todos prefieren ir al baño.

Fuerza Regia, hay que decirlo, se notaba más activo, más motivado, más campeón. Sin embargo, cuando el equipo local tomaba un poco de gas, la emoción de las gradas por las diferentes jugadas de Jackson Jr, Morón, Gabbidon o Devaughn apagaban los avances de los visitantes. Algún «¡fuerza Regia!» atrevido, pero solitario, era mutilado por los insistentes ataques de los Libertadores y por el ánimo de la afición al ver a su equipo hacer jugadas que creían que sólo los estadounidenses de la NBA podían hacer.

El partido terminó sorpresivamente con una victoria 80-72 de los Libertadores que nos hizo olvidar a todos que el equipo va en último lugar.

 

 

¿Será que el asombro de ver a un equipo ganar es lo que nos llama? El desarrollo de la inclusión al básquetbol y la estrategia para quitarle un poco de este monopolio al futbol –al menos en Querétaro– podría ser llevado a cabo con una victoria medianamente constante. Teniendo un equipo de futbol que existe desde 1950, que nunca ha sido campeón y que milita la mayoría de las veces en los últimos lugares de las tablas porcentuales, se podría crear un espacio para que el básquetbol y otros deportes llegaran a atacar medios, mercados, marcas, carteras que el fútbol parece tener completamente dominadas.

Además, tomando en cuenta las ventajas culturales que tiene Querétaro, donde diariamente llegan decenas de migrantes centroamericanos o hasta gente de diferentes estados del país, esta pluralidad cultural, al menos en el ámbito deportivo, nos hace traerle atención a estos deportes que han sido tan olvidados pero que surgen, así, de a poco. Sin embargo, la paradoja: esta ciudad, que tiene ya, al fin, una mezcla de acentos en el aire, en la que nadie se parece a nadie, una ciudad que recibe en promedio 50 familias al día para inflar la burbuja inmobiliaria, un estado que hasta en ámbitos políticos tiene alternancia dentro de los partidos, por supuesto que no otorgará un monopolio en materia de entretenimiento. Pero quizá, en un futuro cercano, no le quede de otra.