Santos Laguna 3 – 2 Rayados de Monterrey: el dinero no importa acá

por José Pablo Castañeda

¶ Y, así, se levantaron todos. No hubo individualidades, figuras, ni siquiera estaba el líder de goleo de la competencia. No estaban los millones que los demás equipos gastan ni una cobertura mediática total. Nomás un equipo jugando y el mismo equipo arrebatándole el liderato a ese equipo que le arrebata tanto.

Qué difícil es irle a un equipo chico, caray. No se conoce el amor por jugadores particulares, porque siempre se van al mismo lugar: a un equipo grande. Supongo que esto sólo ayuda a que se quiera más al equipo que a los jugadores. Irle a un equipo chicho es pensar que juega el escudo, los colores y el lema; y no los individuos, la mercancía y las carteras, porque casi nunca hay.

Difícil irle a un equipo chico. Sobre todo si empieza perdiendo al minuto 1. Un disparo de fuera del área por el reconocido Rogelio Funes Mori, el menos exitoso de las mellizos Funes Mori, que desviaba Villafaña y hacía ver como si el disparo lo hubiera picado el mismísimo Alexis Sánchez en ese gol contra el Real Madrid. Un festejo rayado en la ciudad enemiga. Contra el equipo con el que se habían repartido 2 ligas en menos de 10 años.

Monterrey ha tenido una mala campaña. Después de ser el subcampeón del torneo pasado, volando un penal en la recta final del partido final, los Rayados se cayeron estrepitosamente. Mucho dinero, pero sin invertirlo en su cancha horrorosa donde no se puede cobrar ni un penal; muchas estrellas en la banca por ser un equipo tan completo y competitivo, pero, sobre todo, con fuertes rumores de que los jugadores no querían al técnico y jugaban mal para que este se fuera.

Como fuera, los Rayados ya ganaban 1 a 0 en el estadio Corona y podía ser esa la forma en la que iban a salir de la mala racha. A Santos le pegaba la baja de su máxima estrella del campeonato: Djaniny Tavares, un caboverdiano de 1.90 metros que, al parecer, su verdadera vocación era ser basquetbolista. Tipo Carlos Vela. Era la figura del torneo con 12 goles en tan solo 10 partidos. Pero ahora, en este partido, sin Djaniny, el equipo local intentaba paredes sin éxito: el equipo rayado estaba ordenado atrás.

Santos comenzó a jugar más en área enemiga, a jugar tipo basquetbol donde se tira la pelota larga y por arriba para que el más alto baje el balón y otro tenga la oportunidad de pegarle o seguir con la jugada. La contención del centro del campo lagunero daba confianza para que los medios comenzaran a subir y se hiciera un ataque con 5 miembros, pero acá entra el orden: sólo uno dentro del área.

Sin embargo, esto ni siquiera se necesitó. Isijara, una de las dos contrataciones para este torneo –que, por cierto, no costó más del millón de pesos– se quitó a tres rayados, tocó con Julio Furch en el centro del campo, se movió al espacio para recibirla de nuevo y regatear a uno de los peores laterales izquierdos que este futbol ha visto: Efraín «el Chispa» Velarde. Isijara mandó el centro y un Jonathan Rodríguez endemoniado se abrió paso. «Un delantero sin gol», era como lo llamaba el comentarista en partidos pasados. Hasta hoy pudo callar bocas, una al menos. El Jona Rodríguez entró entre los dos centrales y empujo el balón en las narices del ex portero del Inter. Y gol. Sin Djaniny. Lo repito porque siento que no lo dimensionan de la forma merecida.

Los problemas internos del Monterrey se veían cada vez más claros. Jugadores que no corren, no saben tocar, buscaban la jugada individual. Todo mal. A Santos no le importó y, en jugada prefabricada, una vez más, como de basquetbol, Julio Furch empezó a correr del segundo al primer palo, sin marca, para encontrarse con un balón que Osvaldo Martínez le puso justo a donde él corrió y él, Furch, le pegó así: de volea, con efecto, con fuerza. Chance ese grito de guerrero mostraba lo que por su mente pasó: la conferencia de prensa donde el entrenador se veía triste porque «otra vez no había metido gol Julito, aunque había jugado bien». Tras el gol, esto: la satisfacción de, al fin, hacer algo increíble.

Monterrey modificó el campo y metió a futbolistas aún más individuales: poco pase, mucho tiro. Nada que a Jonathan Orozco se le pudiera escapar. El Jona, «el Spiderman», Orozco, el ex portero de Monterrey, al que sacaron con tal de traer sangre nueva, más cara, más joven. La ilusión y torpeza de un equipo al que sólo lo respalda su dinero –en la Laguna todavía le damos valor al barrio.

Pero, aún cuando Monterrey tocaba más en el área ajena e intentaba disparos desafiantes, apareció Carlos Izquierdoz interceptando un balón en su propia área para llevarlo hasta la contraria. Esa corrida de un capitán que al final de la temporada pasada se rompía en llanto en conferencia de prensa por el mal paso del club, que estaba cerca del descenso, fue algo casi heroico. El mismo que, al comenzar la temporada, pedía a la afición que había abandonado el estadio que regresara, que ahora sí ganarían. Una promesa vacía, parecía. Como un borracho diciéndole a la pobre ingenua que «ahora sí van a tener algo serio» sólo para llevársela a la cama. Pero no parece ser así: el Santos, al menos, ahora sí parece tener algo serio.

Izquierdoz le dio un pase a Furch, que estaba en el extremo izquierdo de la cancha y Furch, a su vez, le puso un pase milimétrico a Rodríguez, que entraba –una vez más– entre dos centrales para clavarle en las narices del portero. Jugada repetida, jugada trabajada. El 3 a 1 santista los posicionaba en el primer lugar de la tabla general.

Y el partido siguió. Algunos cambios de Monterrey ayudaron a que el equipo siguiera atacando. Santos adecuó jugando con línea de 5, sacando a un medio ofensivo y a un delantero para meter a un contención e intentar aguantar atrás. Sin más que chispazos, Carlos Sánchez entró al área para ser tropezado por un defensor lagunero y conseguir un penal. Nico Sánchez lo cobró y lo metió, el mismo Nico que terminaría el partido expulsado por un pisotón descarado.

Un «¡grítalo, guerrero!» expulsado –también- del alma de Jonathan Orozco dedicado a las dos directivas: a una, agradeciéndole; a la otra, recriminándole. Santos se posicionó en la primera posición del torneo y le ganó al Monterrey 3 a 2, aunque en los titulares de la televisión sólo aparezca que «América, uno de los más grandes, está en segundo lugar» o que «Monterrey, uno de los que más invierte, perdió contra Santos». Qué difícil es irle a un equipo chico, caray.