20 años después seguimos igual

por Juan Pablo Ortega

¶ «La música está por cambiar», le dijo Lauryn Hill a la revista Rolling Stone en 1999. Tenía razón. Después de su álbum debut, Lauryn Hill se ganó el título de Ms. The Miseducation of Lauryn Hill ha inspirado a todo calibre de artistas con sus mezclas de soul, hip-hop y reggae, desde Kanye West hasta Beyoncé, y a todos en medio. El álbum ha vendido más de 18 millones de copias alrededor del mundo y es uno de dos únicos discos en el género hip-hop en ganar el álbum del año en los Grammy (junto a Speakerboxxx/The Love Below de Outcast). En 1999, con Lauryn Hill, la música no sólo cambió, retumbó.

The Miseducation of Lauryn Hill fue un trabajo lleno de amor. De un amor ganado y perdido. Empieza en un salón de clases, con una campana y con el paso de lista. La lección del día de hoy, dice la maestra, es el amor. El amor de la familia, entre pareja, en el sexo, hacia Dios, y a uno mismo. Extrañamente, al pasar la lista no se presenta Lauryn Hill. Se saltó la clase para aprender de la vida: una rutina en la que los días se caracterizaban por peleas, hipocresías, llantos, engaños y mentiras.

Así fueron sus días junto a su expareja sentimental y de trabajo: Wyclef Clean. Así fueron hasta el último gramo de sal que derramó al mar. Por eso, no había otra manera de empezar su carrera en solitario que con un grito de independencia.

Las primeras cuatro canciones realmente son lo que cementan a este disco como un clásico, desde el grito que es «Lost Ones», la reflexión que es «Ex-Factor», la carta de amor que es «To Zion», y el mayor hit que fue «Doo Wop (That Thing)». Escrita, producida y grabada por ella, en «Doo Wop» Ms. Lauryn Hill nos advierte de los peligros que se asoman detrás de las personas que usan a otros para obtener ganancias propias; una canción sobre explotación y misoginia.

El disco empieza con tambores y un coro: «podrás tener varias, pero acabas de perder a la única». Lauryn Hill nunca nombra al acusado, quizá lo omite para quitarle poder a su nombre. Describe, eso sí, el aura alrededor de una serpiente que se escabulle con otras mujeres para luego regresar arrastrándose con mentiras.

El tema central del disco, la independencia, continúa con la canción «Ex-Factor». Tras «Lost Ones», el álbum cambia el tono iracundo por uno melancólico. «Ex-Factor» reflexiona sobre lo que pudo haber salido mal en una relación de pareja. Se habla del amor como una batalla en la que a los dos les dejó cicatrices. Habla de juegos de pareja: él viene y luego se va, regresa, la abraza y ella se lastima para evitar que él de nuevo se vaya. Juegos sentimentales.

Lo que hace Lauryn Hill es jugar en este disco. Juega, por ejemplo, con las melodías y los géneros: balancea la independencia sin nunca perder la sexualidad imponente, mezcla la producción cálida con varios boom-baps duros por parte de los beats y las guitarras sensuales. Y es que aunque fue un álbum protagónico para Lauryn Hill, ella no dejó atrás las colaboraciones; reclutó a Carlos Santana para la canción «To Zion», una canción dedicada a su hijo Zion David. To Zion relata la decisión que tomó Lauryn Hill de tener a su hijo a pesar de que le recomendaron perderlo para no afectar su carrera. En una de las líneas más poderosas del disco, canta: «me dijeron usa la cabeza, pero decidí usar el corazón». Asimismo, en «Nothing Even Matters» recluta al cantante de R&B, D’angelo, para bañarnos en sonidos y fluidos que, como en el amor, nos hace olvidarnos de todo.

Lauryn Hill yuxtapone todas estas canciones con la escena primera del álbum: alumnos en clase y un profesor que intenta explicar lo que significa el amor y lo que significa amar a alguien.

El disco acaba con lo que para ella es la clave: el amarse a uno mismo. Pero él, ya se sabe, viene sobrando, entonces habría que dejarlo en: amarse a uno mismo. Encontrar la fuerza en uno mismo y las respuestas en el fondo para no dejar que, aunque el mundo cambie, nos distanciemos de lo que que nos llama.

Como maestra, no podemos negar las lecciones que dejó este disco; 20 años después podemos ver las influencias de Lauryn Hill en varias de las voces más grandes de la industria de la música. En Kanye West podemos ver el mensaje de creer en uno mismo y de siempre tener la confianza del trabajo propio; en Beyoncé, la fuerza inherente que tiene el ser mujer; en Drake, la reflexión continua de las relaciones humanas, y en Jay-Z el no importar que te llamen loco cuando tú sabes que haces lo correcto. Así como Agnès Varda fue la madre de la Nueva Ola Francesa, Ms. Lauryn Hill fue la madre de la industria moderna de la música. Y 20 años después, todavía hay lecciones qué aprender.