La incomodidad de pensar en el otro –una crónica vagabunda sobre Ambulante, el festival de cine documental

por Yohalitza Ortiz y Uriel Escoto

¶ Damos vuelta hacia el Jardín Guerrero, son las 18:28hrs. Caminamos hacia la Cineteca Rosalío Solano. Llegamos y subimos las escaleras hacia la sala. En la entrada nos dan una ficha técnica a cada uno y, una vez dentro, buscamos asientos libres. Subimos y elegimos una fila que no está ni muy arriba ni muy abajo. Leemos en la ficha que nos entregaron: Ex libris: la biblioteca pública de Nueva York, dirige Frederick Wiseman. Las luces se apagan antes de que lleguemos a la sinopsis. 18:30hrs. Proyectan un video promocional del festival del que forma parte esta película, Ambulante, y proyectan también avances de otros documentales. Comienza la película y aparece el título en pantalla. Son las 18:35hrs.

El documental abre con una entrevista a un autor que presenta su nuevo libro dentro de la biblioteca. La escena cambia y vemos a alguien levantarse unas filas debajo y caminar hacia la salida. Conforme avanza la película esto se vuelve normal; los asistentes se levantan de su asiento y salen de la sala. En la pantalla, los directivos de la biblioteca hablan sobre la digitalización de sus materiales de préstamo. Detrás de nosotros, una pareja toma sus cosas y se va. En la pantalla, estudiantes universitarios consultan la selección de imágenes de la biblioteca como parte de una clase. En la tercera fila, un señor toma su mochila, baja las escaleras y desaparece. La persona sentada a nuestro lado revisa su celular: 19:50. Un hombre llega y se sienta en la cuarta fila; media hora después, se va. Una escena muestra a un poeta recitando su obra en el auditorio de la sede que tiene la biblioteca en el Bronx. Otra escena muestra a bibliotecarios atendiendo a personas ciegas. Otra más muestra a Patti Smith, habla de su libro autobiográfico Just Kids. La persona a lado de nosotros vuelve a sacar su celular: 20:30. Contamos mentalmente a las personas que salen de la función: diez u once en media hora. Otros ocho en la que sigue. La última escena comienza; otra conferencia en la biblioteca pública de Nueva York. 21:40. Los créditos aparecen y se prenden las luces. Nos levantamos y nos dirigimos a la salida. Son las 22:00hrs.

Al estreno de la película de Avengers: Infinity War asistieron 238 mil mexicanos. Sala llena. Entran 130 y salen 150. Quién sería tan tonto como para salirse de la película más esperada del año. A Ex libris: la biblioteca pública de Nueva York, entran 50 y, al término de la función, permanecen 10 en la sala, dos de ellos dormidos.

 

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En una mano la programación, en la otra, una mano que circula con una pluma Bic punto fino los títulos con sinopsis más interesantes. Si vamos a las 20:30 al colegio de Santa Rosa de Viterbo a ver Residente, ya no vemos a las 21:00 Makala en Cinépolis La Victoria, pero si el sábado a las 17:00 vamos a Residente en La Victoria, tenemos que salirnos veinte minutos antes para llegar a ver Goris, Las visitadorasAbsolución condenatoria en el Museo de la Ciudad; eso si la ruta 121 va rápido, pero como es «ruta del cambio» tenemos que cambiar nuestros horarios y salir media hora antes.

Esto es Ambulante. Una minuciosa planificación de ambas partes, de espectadores y organizadores.

Ambulante, una gira de documentales que «arranca en un tiempo convulso que nos confronta con la incesante violencia», se lee en su programación. La gira arranca en tiempos de sobreinformación que desinforma, que aturde, que confunde y que oscurece; en tiempos donde todo se cuenta de la misma forma, como si todo fuera lo mismo; en tiempos donde lo que hoy es sensación, mañana es olvido.

Entramos a la primera función del día y 20 personas, 19, 18, 17… la sala se ilumina al ritmo en el que se vacía. Los que permanecemos vemos al Sísifo de siglo XXI caminar en silencio por el desierto del Congo. Su piedra fue sustituida por Makala (carbón vegetal) y por una bici. Tiene que recorrer 50km para vender el carbón y regresar con comida para su familia. En el documental, esta escena dura 20 minutos, 20 minutos que se te hacen eternos. A diferencia de la película The Look of Silence, donde el silencio tiene acción, en Makala el silencio llega a tocar el aburrimiento. Y entonces la incomodidad de pensar: «qué jodidos estamos».

O sólo esto: la incomodidad de pensar.

La función del documental es, como lo dice su nombre, sin complicaciones, documentar. La materia prima para hacer esto es simple: libertad y curiosidad. Simple, no sencillo, pues vivimos tiempos egocéntricos y temerosos. Tiempos de agujero negro. El documentalista es un escultor que explora lo cotidiano y que encuentra ahí lo extraordinario. Todo mediante un torno llamado cámara.

En 2017, los cines mexicanos vendieron 348 millones de boletos. Cuando estuvo en cartelera, a fines del año pasado, Coco vendió, sólo en México, 23.3 millones de butacas. Avengers: Infinity War ha vendido, en una sola semana, 15.7 millones de entradas. En la gira del año pasado, Ambulante, en sus distintas sedes (10), convocó a 78 mil 504 espectadores; 58 personas, en promedio, por función. En la gira del año pasado, Querétaro atrajo a 4 mil 729 interesados. En una ciudad con más de un millón de habitantes, menos de 5 mil personas interesadas en observar la realidad desde una perspectiva crítica.

Los documentales no son para todos.

Sin embargo, no se puede hablar de cine sin hablar de documental. Los hermanos Lumière patentan el cinematógrafo, primera máquina capaz de rodar y proyectar, e inauguran así la era del cine con una serie de documentales: obreros saliendo de una fábrica, un tren llegando a la estación, bañistas saltando al mar desde un muelle, albañiles demoliendo un muro. Sí, el documental está en el origen (¿y en el destino?) del cine.

Pero lo que prevalece hoy en las salas de cine no es el cine, sino el dinero: las producciones millonarias. Las películas que te hacen no pensar. El cine cómodo.

 

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Terminan las funciones de documentales como Goris, Las visitadoras, Absolución condenatoria, Hasta los dientes, las luces de la sala se encienden y nos encontramos con caras de dolor, con un silencio incómodo, con lágrimas y con coraje. «Nosotros no buscamos cambiar la realidad, sino transformar cómo la observamos», dice uno de los productores de Ambulante.

Los documentales no son para todos. La realidad tampoco.