Demasiada negación para tanta realidad

por Aylinee Ojeda, Aimé Morales y Estela González

¶ Esta historia empieza el 31 de diciembre de 2016 en la fiesta de año nuevo en la casa de la familia González. Para ser precisos, la casa de la señora María de la Luz, la abuela y mamá de los asistentes, ubicada en Chichimequillas, en el municipio de El Marqués. Faltan menos de tres horas para que inicie el 2017; el año 2016 se torna obsoleto con cada segundo que pasa. Nueve con treinta y siete minutos era lo que marcaba el reloj colgado en las paredes blancas de la casa en donde se encontraba Alejandra. La fiesta nublaba los pensamientos de toda la familia que se encontraba en la casa en medio del brindis, la comida y las uvas.

Unas horas antes, la madre de Ale, una mujer de 45 años llamada Julieta, se encontraba con la preocupación y la adrenalina de armar todo el borlote. En la familia, se acostumbraba a que cada año les tocaba a ciertos miembros planear la noche de año nuevo y ese año nadie se había encargado más que Julieta. Entre todos los preparativos, Julieta se toma un respiro, se asoma a la oscura y abandonada calle y ve que la única luz que la alumbra son las luces de Navidad y un foco que anuncia que la papelería sigue abierta, la papelería de la tía de Ale. Desesperadamente, Julieta se voltea y le dice al aire, más para sí que para el otro, que tiene que ir a comprar lo necesario para envolver detalladamente los regalos del intercambio de fin de año. Julieta busca su bolsa, una bolsa negra, la abre, encuentra su monedero, un monedero que sólo contenía billetes y una escasez de monedas, uno o dos pesos quizás. A Julieta le gusta pagar con cambio, y como no tenía, mandó a su hija Ale a la casa de la abuela, a subir en busca de unas cuantas monedas y regresar con ellas. Ale dejó el monedero de su madre ahí, solo y abierto; con toda la confianza, pues estaba en un espacio familiar.

 

 

Al día siguiente, a las 9:30 de la mañana, Alejandra se encargó de recolectar tanto las viejas como las nuevas pertenencias, pues a las seis de la tarde tendrían que partir de vuelta a Querétaro. Ale y su mamá ya iban en camino en el March color gris, cuando Ale recordó su monedero, no lo traía con ella. Julieta pidió que llamara a su abuela para que lo buscara en casa, Ale lo hizo pero obtuvo una respuesta negativa. Julieta, dudando de las habilidades de la abuela al buscar o encontrar objetos, dijo que iría después a buscarlo ella misma. Dos días después, un miércoles, Julieta fue a la casa en Chichimequillas a buscar el monedero, pero después de unas horas sin tener éxito, Julieta eventualmente se enojó: «no es posible que las cosas se perdieran en un ámbito de confianza», pensó.

Como nadie en la familia dijo nada, Vero, prima de Ale, opinó que sería buena idea ir a hacer una constelación. Todos como familia estaban al tanto de lo que eran las constelaciones. Todos estuvieron de acuerdo, incluso un tío se ofreció a pagarla. Estaban todos muy enojados y preocupados; esta situación estaba ya creando conflictos familiares. Según la Conapred, el 72% de la población en México no cree en los espíritus, mientras el 25% sí cree. Esta familia está dentro de ese 25%. Una semana después se agendó la cita. Una sola sesión con un costo de $1,000.00.

El uso de artilugios esotéricos permite evadir la realidad, así tienes la posibilidad de tranquilizarte para no ubicarte en la incertidumbre que genera la toma de decisiones –nos dice una experta en la materia.

El 8 de enero toda la familia se encontraba reunida en la sala listos para la dichosa constelación. Al llegar había dos señoras y un señor que fueron los que ayudaron a constelar. De acuerdo con Bert Hellinger, creador de las constelaciones sistémicas o familiares, para certificarse y poder llevar a cabo estas sesiones es necesario cumplir con 212 horas de estudio. El objetivo de estas prácticas, leemos en psyciencia.com, es liberar a las personas de sus «tensiones/conflictos» que suelen venir de las «generaciones pasadas y tienen sus raíces en los acontecimientos de la historia familiar».

Es un mecanismo de defensa para evitar contactar con la realidad que es cruda y dolorosa, ya que nos cuesta entender que la vida es como es y sucede como sucede.

Toda la familia, pues, estaba reunida. Antes de empezar la constelación, fue rociada con una clase de spray olor eucalipto. Después, se sentaron en círculo, Ale sentada en medio de Julieta y su hermano. Se platicó la situación más reciente y la razón de los enojos: la desaparición del dinero. Sin embargo, aprovechando la situación, se recordaron sucesos similares. Decidieron entonces que no se constelaría para resolver la desaparición del monedero específico, sino para curar el sistema familiar entero. Tanto Ale como su mamá no estuvieron de acuerdo pero decidieron continuar.

Las constelaciones familiares, según investigamos, son un procedimiento psicoterapéutico que fue introducido por Bert Hellinger para sanar el alma y restaurar el orden del amor cuando existen secretos que se han guardado por generaciones. Este método, dice Hellinger, es usado en una tribu en Sudáfrica. Quizá, si ya se agotaron todos los recursos para solucionar un problema, cabe la posibilidad de explorar otras soluciones. En este sentido, la Conapred demuestra que en México el 8.5% de la población atribuye su estabilidad, éxito o fracaso en su vida al destino, el 4% a la suerte y el 0.6% al karma.

Se decidió, entonces, que se constelaría para curar el sistema. Había en la familia una persona que tenía el mal consigo, se creía. En este caso se trataba de un miembro que no se sentía a gusto con la familia o que no se sentía parte de esta. Para curar el sistema, se necesita ver qué persona trae consigo esta mala vibra que se había pasado como herencia por generaciones. Un ejemplo sencillo de esto es que si una señora tiene problemas matrimoniales, la hija, si se casa, también tendrá el mismo problema y caerá en lo mismo que la madre. Hasta que no se cure, el patrón se repetirá.

Las constelaciones familiares son un método psicoterapéutico que percibe a la persona como parte de un sistema familiar que está atravesada, sostenida, determinada y ligada por este sistema, y por todo lo que pasó en él hasta siete generaciones atrás.

La familia fue representada por la tía llamada Luz María. El amor fue representado por el primo, Luis Enrique. La oveja negra que había dañado el sistema fue representada por una prima, Daniela. Finalmente, la persona que estaba siendo dañada en esta ocasión fue representada por una amiga de Julieta: Nayeli, la mamá de Ale.

La sesión inició, el primer paso fue preguntarles a los miembros situados en el centro (los representantes) qué opinaban acerca de esta última situación, la desaparición del monedero. La tía contestó que estaba avergonzada, muy triste y que se sentía muy mal por un miembro de la familia que no quería ni ver. Luis Enrique (el amor), únicamente mencionó que no se sentía bien, que no estaba a gusto y que tenía una sensación rara. Después fue el turno de Daniela, a la que le preguntaron por qué lo había hecho y qué era lo que sentía, a lo que ella contestó que estaba demasiado enfadada y no pudo explicar la razón pero mencionó que a la vez sentía tristeza por dañar al sistema. Ella no podía explicar la razón de sus sentimientos, pero en su rostro se observaba el enfado que sentía.

Ale no tuvo ninguna asignación, estaba de observadora y en ese momento pensaba que era muy extraño lo que estaba pasando ahí en el centro de ese lugar. «Era como si hubiera dos personalidades dentro de ella», nos dijo. Daniela sentía el enojo y no se sentía cómoda, aunque al mismo tiempo no entendía el porqué de esas sensaciones. Lo que nadie lograba entender es cómo ella sentía y actuaba lo que estaba representando en ese momento (el miembro que dañó el sistema) pero al mismo tiempo seguía siendo ella, Daniela.

Según la experta y facilitadora de constelaciones, Maria Angels Herrero, las constelaciones son representaciones de los problemas y desórdenes que existen dentro de un sistema familiar desde nuestros ancestros; al ser expuestos por medio de los representantes desconocidos se logra romper el ciclo.

Así que aquí estamos. A la amiga de Julieta le pidieron que agarrara unas libretas, le preguntaron lo que sentía y ella contestó: «pesado». Le quitaron las libretas y ella seguía sintiendo las manos pesadas, pero no sabía explicar por qué. Sólo sabía que sus manos estaban pesaban y dolían. Nayeli empezó a llorar, mencionaba que se sentía muy triste, sola y juzgada. No se sentía parte de la familia y se sentía muy avergonzada. Sentía las manos pesadas por algo que había hecho y sentía que la familia no la aceptaba. Nayeli, sin saber qué pasaba, sin saber quién o qué estaba dentro de ella, continuó llorando.

Al ver todo lo que había pasado, detuvieron la constelación. La solución consistió en perdonar al concepto representado por Nayeli para que se sintiera, de nuevo, parte de la familia. Y fue así como los representantes de la familia y el amor se dirigieron a Nayeli, quien representaba al miembro que dañó el sistema, para decir que lo perdonan y aceptan. La sesión terminó con una sacudida familiar que daría la expulsión de las malas vibras.

Los métodos esotéricos como juego son muy divertidos, y como solución a problemas que tienen que ser resueltos con un psicólogo posterga el problema y lo hacen crónico.