¿El fin?

por Kevin Carrizales

¶ Un cielo nublado y un olor húmedo en el ambiente funcionan como indicios de la gran tormenta que se aproxima. Miro a través de la ventana y nada, sólo escucho la tranquilidad a kilómetros de distancia. Pero al mismo tiempo contemplo que esta tranquilidad no es la manera en la que esto debe acabar. Aún faltan unos cuantos días para poder llamar a los demás y felicitarlos por el gran esfuerzo que han tenido a lo largo de estos tres años. Sentado en mi sillón anaranjado (naranja como la fruta), visualizo que todo esto ha terminado (¿coincidencia?). Pienso en la mejor forma en la que pueda describir todo lo que fue y lo que no fue. Siento el calor que emite mi laptop sobre mis piernas como un recordatorio: tengo que escribir algo. Creo que ya sé por dónde empezar.

Comenzaré por el final. Lo único que sé es que el fin está cerca. A pesar del dolor que nos pueda causar el haber concluido con esta etapa, también, creo, tenemos que sentirnos privilegiados por esto: según la SEP (Secretaria de Educación Pública, duh), del total de estudiantes que entran a la preparatoria (que son alrededor del 74.6% de jóvenes de entre 15 y 17 años) sólo el 58.1% logra terminarla. Es triste que acabe, sí, pero es más triste ni siquiera tener la oportunidad de darle fin a la prepa.

Mi generación vive hoy en un mundo totalmente distinto al que vivía cuando entró a esta escuela. No sabemos si nos han sacado de nuestros deseos más profundos o de nuestros instintos más básicos. Todos entramos con sueños, metas, grandes expectativas. ¿Cómo salimos?

 

El primer año es el más fácil para algunos y, para otros, muchos, funciona como un signo de advertencia de lo que está por venir. Y lo que está por venir en el primer año de preparatoria es preocupante: el 12.6% dejará de estudiar tan solo en el primer año (datos, de nuevo, de la SEP). El resto, los que seguimos, conoceremos a los que posiblemente serán los individuos más importantes en los próximos años. Conoceremos a personas, haremos amigos, entenderemos que esto, la preparatoria, es nuestro nuevo hogar. Y en este nuevo hogar nos dirán: «aquí se viene a estudiar». ¿Sí, para eso es la escuela?

Un fin no es sino el principio de algo más. El primer año de la preparatoria termina y esta pregunta aparece: ¿qué sigue? ¿Qué conseguiremos, qué desecharemos? Al no tener claridad alguna, lo único que se puede hacer es seguirla disfrutando: no hay por qué preocuparse, no hay por qué ir a clase, no hay por qué estar sobrios.

 

Es segundo de prepa y me encuentro dentro de un coche que no avanza. Percibo un olor peculiar en el ambiente, un olor casi familiar. «Huele muy feo», dice alguien por aquí. La escena –y el olor– es común para cualquier persona que se haya volado alguna clase en su vida. Es segundo de prepa y deseamos conocer y probarlo todo (algunas personas seguirán probando el resto de su vida). Es segundo año de prepa y vivimos en un cierto estado de incertidumbre. ¿Estará bien lo que estoy haciendo? ¿Se dará alguien cuenta? ¿Me veo mal?

A pesar de todo el desastre, a pesar de toda la incertidumbre, podemos estar seguros de esto: nada está escrito y todo tiene arreglo. Aunque parezca simple, estas palabras son el colchón que salva a cualquiera. Pero que no se malinterprete, pues existe la posibilidad de dañar a alguien y perder amistades. En el segundo año de prepa se descartan las amistades que se tornaron tóxicas. El no salirse de estas relaciones, el querer siempre encajar y formar parte de algo, puede ocasionar la autodestrucción. Y entonces esta pregunta: ¿valió la pena?

 

Y así llegamos al último año de la prepa. Aquí es imposible no escuchar la palabra «futuro». Suena y resuena en cualquier boca y en cualquier parte: futuro, futuro, futuro. Todos queremos ya salir de aquí, pero todavía no sabemos muy bien cómo. Así que en lo único en lo que nos concentramos es en el ya mencionado «futuro». Ya no tenemos tiempo para empezar nuevas relaciones, ya que la posibilidad de volver a ver a esa persona en el futuro es muy baja, por no decir nula.

Y, entre tanto, ¿dónde quedó la escuela? No dejemos de lado el lugar al que vamos diario a aprender cosas que quedarán enterradas en lo más profundo de nuestra frágil memoria. En estos últimos meses de la prepa, nos tratarán de enseñar por todos los medios posibles cómo elegir la carrera correcta. Ahí hay un error, pues para encontrar una carrera profesional no hacen falta clases teóricas, sino experiencias prácticas. Se tiene que poner en práctica lo que en verdad se busca y practicar y practicar y practicar hasta que uno se encuentre en ese lugar deseado.

Y más o menos así llegamos al punto de no retorno que es el fin del último semestre. Estamos ya incluso inscritos en la universidad. ¿Nos topamos entonces con algún remordimiento? ¿Estamos frente a un rompecabezas sin completar? ¿Queda alguien con quien hablar? ¿Nos vamos satisfechos de la prepa? Todos los «sí» y los «no» a estas respuestas las acomodamos en otro rompecabezas más sin completar.

 

Regresemos ahora al futuro (¡toma eso Zemeckis!). El día no es nada favorable para que se pueda escribir una crónica en la que le decimos adiós a todo esto. Creo que todos los finales son el inicio de algo increíble. Pero creo, al mismo tiempo, que nadie quiere que esta etapa se acabe. A pesar de los problemas, adicciones, amoríos y desamores que existieron a lo largo de estos tres años, sigue existiendo la magia que estuvo ahí desde el primer día.

El cielo está nublado. En el ambiente percibo un olor a alcohol, un olor a humedad, un olor a baño recién lavado, a pasto recién cortado, a comida preparada y a café. De pronto, me llega el olor a ser humano mientras escucho, al fondo, Northern Lights de Satin Jackets. Mi laptop me dice que debo seguir escribiendo, pero ya he dicho todo lo que me queda por decir. Esto todavía no acaba. ¿Cuánto tiempo permanecerá la prepa en la memoria?