La rutinaria ruptura de la rutina

por Andrés Vargas Pérez

¶ La vida de una persona es tan corta como lo es larga. Es demasiado corta para ver todos los partidos de la Liga MX, pero es demasiado larga para esperar el día en el que México sea campeón del mundo. El tiempo es el factor más relativo que existe en nuestra efímera y fugaz sociedad contemporánea. Cuatro minutos de compensación se pasan como un estornudo para un equipo que necesita un gol para empatar y tardan lo mismo que lo que una botella de cajeta se tarda en sacar el dulce para el equipo que observa al portero que se desamarra las agujetas para hacer tiempo. Todas las cosas pasan rápido y las que pasan lento terminan pasando como todas las imposibilidades de la vida.

Rara vez la vida te da una segunda oportunidad para parchar el hecho de que dejaste pasar o fracasaste en la primera. Uno de los pocos espacios donde las segundas oportunidades tienen opción válida es el futbol. Segundas y hasta terceras, como nos demostró Martín Palermo con su hat-trick de penales errados en un mismo partido con la albiceleste. En ese sentido, el futbol siempre encuentra, en la tan ansiada constancia, la revancha. En algunas ocasiones, de manera indirecta como han sido las eliminaciones de Zidane como entrenador del Real Madrid a la Juventus de Buffon en las últimas ediciones de Champions. El mejor pelón de la historia tenía una justa pendiente con los italianos. Villoro dice que para dar un buen remate de cabeza hay que ser pelón. Zidane confirmó la teoría en esa final de Alemania 2006 cuando le entró con la cabeza directa hacia el pecho a Materazzi. Desde ese entonces, Zidane buscó revancha contra el país de la bota y lo ha logrado como el mandamás del Real Madrid de Cristiano.

A lo que me quiero referir con toda esta verborrea es que el futbol es constante y, como dice Jorge Valdano, totalmente rutinario, pero con un lemon twist. El futbol es la película de amor que vemos cada fin de semana. Es el estreno de un clásico de la televisión que pasa en cines cada 4 años. Sin embargo, el futbol tiene siempre finales diferentes. En un final, la pareja termina siendo feliz y en otra terminan muertos todos. En el futbol nunca existe un para siempre. Los aficionados encontramos en este deporte la mejor manera para separarnos de la rutina al hacer de los viernes botaneros y los sábados de pelotas nuestras costumbres. Los sábados (después de tomar) a las 5 de la tarde de cada 15 días hacemos válida esta premisa al llenar la Corregidora esperanzados de ver un final diferente en la película que se llama: «los Gallos Blancos de Querétaro». Quizá, al final del día, nuestra película termine de la misma manera, pero el camino siempre es diferente. Una persona puede ver tantas veces una película para mover la boca al ritmo de las palabras de la actriz principal, pero, tarde o temprano, desea ver otra película sin importar qué tan buena sea la siempre vista. La cartelera del futbol mundial se renueva cada fin de semana y es posible ver el estreno gracias a los canales 1516 y 1524. La película con los mismos actores otorga una sensación de que el guión es abierto y depende de una picardía o una pifia para tener un plot-twist que cambie el estado de ánimo de miles de personas por los próximos 7 días, hasta que se vuelven a alinear para añadir páginas a la historia.

El futbol es la manera en la que un aficionado cambia sus actividades diarias al hacer lo mismo que hizo la semana pasada a la misma hora. Es la manera a la que más recurrimos para hacernos creer que nuestros días son diferentes al sentamos en donde lo hicimos la semana pasada, con las mismas personas y la misma cerveza para ver a los mismos jugadores tratar de conseguir el mismo objetivo. Es cambiar para poder hacer lo mismo. Es el futbol: la rutinaria ruptura de la rutina.