Tres días memorables

por Andrés Vargas Pérez

¶ La vida, la escuela, nuestros papás y la ingesta diaria recomendada nos hacen creer que la vida es seria. Nos hacen pensar que está mal reírnos en nuestro trabajo y echar chistorete en misa. Pongo a prueba esta última cada domingo susurrando algo al oído de mi mamá para ver cómo se trata de contener las ganas de soltar la carcajada mientras el cura da su sermón. El futbol te enseña muchas cosas: compañerismo, disciplina, amor, odio, materiales sintéticos, el nombre coloquial del óxido calcio, cánticos homofóbicos, el sabor a cerveza caliente y el olor de un baño sucio. Sin embargo, la mayor enseñanza que me ha dado el futbol es que las cosas que parecen malas en la vida, a veces no lo son. Que un descenso emocional no tiene por qué durar un año y que una mala temporada no define tu carrera. El futbol me ha enseñado que más vale reírse de un error a enojarse por él. El futbol me enseñó que la vida no tiene porque ser tan seria como la pintan.

 

15 de junio: Dios los hace y ellos se juntan.

En la vida hay cosas que están destinadas a estar juntas. Hay naciones que están designadas por los dioses a ser rivales durante toda la historia. Desde hace cientos de años estos países colindan codo a codo en el mapamundi y, recientemente, en el grupo B del Mundial de Rusia 2018. En el año de 1494, España y Portugal dividieron el mundo en dos para repartir territorios descubiertos por Cristóbal Colón en América y las tierras conquistadas en el continente africano en el Tratado de Tordesillas. El día de hoy, como las tierras, dividieron puntos. El encuentro Mundialista fue tan intenso como las negociaciones entre Isabel-Fernando de Castilla y Juan II de Portugal. Sin embargo, hoy Portugal contó con un as bajo la manga para amenazar con quedarse con el pedazo grande del grupo B. Cristiano Ronaldo consiguió el hat-trick número 51 en la historia de los Mundiales, siendo el jugador más veterano en conseguirlo. El día de hoy anotó más goles que en las tres Copas del Mundo previas en las que había participado. El partido culminó con un 3-3 con sabor a victoria para los dos equipos. Victoria para Portugal por confirmar que CR7 aterrizó en Rusia y comprueba que Portugal también puede dar buenos vinos; España lució que puede tener lo necesario para conquistar el certamen, siempre y cuando tenga una mayor solidez defensiva de la que mostró el día de hoy.

Como en todas las historias, siempre hay alguien que es dejado atrás. La tercera hermanastra. Como Dios se divierte y me da material para escribir, puso a un país que también colinda con uno de sus rivales de grupos. Marruecos conforma parte del grupo junto con la nacional de Irán. El equipo asiático que tuvo que comprar sus propias playeras al no tener patrocinadores demostró que las victorias que no se merecen también se celebran y Marruecos comprobó que, en el Mundial, hasta los autogoles terminan en azo. El equipo de la República Islámica puede presumir por unos días que se encuentra en el solitario primer lugar de un grupo conformado por los últimos dos campeones de Europa. Pero como en el Tratado de Tordesillas, las tierras sólo se repartirán entre portugueses y españoles.

Durante la repartición de 1494, Portugal creyó que los territorios descubiertos por Cristóbal Colón eran unas pequeñas islas. No sabía del monstruo americano que se habían encontrado. Así que regresó satisfecho a casa sabiendo que se le habían otorgado las tierras africanas y un pedazo de tierra occidental. Se creyó ganador del tratado sin conocer lo que sería de esas nuevas islas. Terminar segundo del grupo B se asemeja a haberse quedado con una porción del mundo más pequeña que la esperada. Sin embargo, como con las islas, no se sabe si al final resultarán ser más grandes de lo que son. Sólo el tiempo indicará de qué lado del meridiano terminarán los portugueses y españoles en esta batalla incesante.

 

16 de junio: el que piensa, pierde.

Todos los grandes guerreros tienen algo que les recuerda vigorosamente que nacieron más humanos que dioses. Aquiles fue recordado por un débil talón, Maradona lo recordaba con una rayita de azúcar glass y Superman con la kryptonita. Lionel Messi parece que es un dios del futbol cada ocho días. Sin embargo, hoy se congeló ante su debilidad. Pareciera que todos los aspectos del juego son totalmente sencillos para él: la conducción, el regate, la definición, el pase. Todo lo hace ver fácil. Irónicamente, lo (relativamente) más fácil del futbol lo hace ver totalmente cuesta arriba. Lio prefiere tirar desde 25 que desde los 12 metros. El bombazo de realidad de Messi viene cuando se tiene que parar en el área por solitario contra un portero que lo único que busca es una historia que contarle a sus nietos cuando se retire. La debilidad del mejor jugador de la historia son los penales. Pareciera por un minuto que la pulga se ha acostumbrado durante toda su vida a tener dos o hasta tres rivales encima y que cuando se encuentra solo, dentro del rectángulo cercano a la tierra prometida, recuerda que es humano y le tiembla la pierna. Luce indeciso, nervioso y condenado. Luce como alguien que se ha quedado congelado por un momento. Después, siendo la versión más humana del que parece ser un extraterrestre en todos los demás rincones del campo, saca un calcetinazo a media altura para que el arquero rival tenga su tan ansiada historia dominguera. Hoy Messi nos recordó que es y siempre será humano. Idolatrar a los jugadores de futbol como se hace en la actualidad confunde a los aficionados a creer que por tener piernas habilidosas no sienten los nervios en la cabeza. Hoy Messi se encuentra atrapado dentro de una olla express a punto de explotar, si es que no lo ha hecho ya. Yo, personalmente, no puedo ver a Messi cobrar una pena máxima. Me pongo más nervioso que él. Dejo de respirar por ese instante en el que se aproxima al balón y siento un cuchillo en el estómago cuando veo que el balón es alcanzado por el arquero o estrellado en uno de los largueros. Messi es alérgico a los penales. De los últimos diez penales que ha cobrado con club y selección, sólo ha podido anotar cinco. 50%, reprobado.

No existe duda en mi cabeza capaz de hacerme creer que Lionel Messi no es el mejor jugador del mundo y de la historia. Nunca habrá nadie como él. Me considero un afortunado por poder observarlo en lo más alto de su carrera. Lionel me ha regalado mil y un historias domingueras que le contaré a mis nietos cuando me pregunten cómo era el futbol del «hombre-perro», como lo denominó Hernán Casciari. Sin embargo, nuestras miradas entran en sincronía cuando vemos que el árbitro apunta con su mano hacia el punto penal después de una falta dentro del área. En ese momento, nos congelamos y dudamos. La duda es el peor enemigo de un cobrador de penales. Y cuando Lio cobra un penal, duda y dudamos todos con él. Pero sólo en ese momento, sólo después de las lágrimas y de las miradas cabizbajas, podemos sentir que por más goles de fantasía que haga, es humano. Messi no piensa cuando juega al futbol y cuando la situación lo obliga a pensar, piensa de más y, como Villoro dijo, «cuando se trata de futbol, el que piensa, pierde».

 

17 de junio: y retiemble en sus centros la tierra.

La computadora no sabe interpretar lágrimas y yo no paraba de llorar. El día de ayer sucedió algo tan histórico que por fin me quedé sin palabras. Para alguien que siempre tiene algo que decir, me pareció que ayer fue un buen día para guardar silencio y repasar la película que se repetía sin parar en mi cabeza, almacenándose como uno de los momentos más felices de mi vida. Ayer yo no podía escribir. El futbol de la selección mexicana me había rebasado completamente. No podía levantarme de las rodillas en las cuales me apoyé durante los últimos diez minutos del partido. El día de hoy es diferente. Por fin pude pasar del pasmo en el que me encontraba al júbilo en el que me encuentro. Hoy busco interpretar ese exaltación, desde el día siguiente, para comprobar que México en serio venció a Alemania.

La victoria de México no es un milagro, ni una ilusión. Tampoco un sueño. No es un sueño porque mi inconsciente ni siquiera era capaz de imaginarse la posibilidad de que un equipo mexicano, como se venía desempeñando en los últimos partidos, le sacara el resultado a los soberanos actuales del futbol internacional. No es una ilusión, sino una realidad que hay que repetir cien veces para creérsela. Y no es un milagro porque, ayer, México no sólo venció a Alemania sino que, en gran parte del partido, la dominó. Terminando el primer tiempo me sentí asustado. No era un miedo aterrador, sino un sentimiento similar al previo de aventarte al vacío.

Quizá algunos no lo sepan, pero hace unos días escribí que lo mejor que le podía pasar al equipo mexicano era perder el primer partido para poder, entonces, encontrar el porqué de la derrota y alinear el camino. Prefería el cómo al qué en el debut mundialista de la selección. Parece que Juan Carlos Osorio estuvo un paso por delante de mi predicción. El colombiano planteó una excelente alineación contra los teutones y la ejecución de los jugadores fue excepcional. Osorio se imaginó lo que nunca cruzó por mi cabeza. La posibilidad de ganarle a Alemania y encontrar, en un estilo de juego, la razón de un resultado. Yo, desde mi conformista «inferioridad», prefería perder pero saber los motivos a ganar por un milagro aislado. En Fútbol Picante debaten si esta es la mejor Selección Mexicana de la Historia. Pienso que individualmente son las mejores piezas de cualquier ajedrez mexicano que hemos tenido, pero que no habían logrado desempeñarse en conjunto. El día de ayer fuimos espectadores de, probablemente, una de las mejores actuaciones de la historia del futbol mexicano en Mundiales. Osorio supo el dónde y el por qué de sus piezas y, por fin, sus jugadores estuvieron a la altura del compromiso. Osorio llevó el partido a la perfección. Supo cuál era el momento de replegar para aguantar las embestidas germanas y supo escoger a sus relevistas. Los tres cambios estuvieron acertados. Incluyendo a Rafa Márquez que parecía darle una claridad inmensa al juego cuando su quinto diferente balón Mundialista tocaba sus botines.

Todas las victorias mexicanas tienen que ser sufridas. Sin sacrificio, no hay gloria. Sin aguante, no hay conquista. Durante los últimos minutos, mi mente sólo podía pensar en la frase «jugamos como nunca y perdimos como siempre». Sin embargo, por un excelente parado y ejecución, esa frase se convirtió, tras 90 minutos y un solitario gol, en el fin del «ya merito». Pocas veces la frase «sí se puede» se conjuga en verbo pasado. El día de ayer fue una de ellas.

Según el SIMMSA (Departamento de Sismología y Vulcanismo del Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas A.C.), el día de ayer a las 10:34 am, por lo menos dos sensores dentro de la Ciudad de México detectaron «comportamiento sísmico artificial». De acuerdo con Carlos del Ángel, director del Instituto, se estima que en la capital mexicana hubo un terremoto artificial de, aproximadamente, magnitud 3. La razón: los saltos de alegría de un pueblo entero en el solitario gol del mejor partido en la Historia de su Selección en Mundiales. La Ciudad de México tembló pero las vibraciones retumbaron en todo el planeta. En Argentina, donde dos gallos veían el partido en un restaurante, en Italia donde mexicanos gritaban de emoción, en Estados Unidos con miles de familias y en España, donde un mexicano esconde todavía las lágrimas detrás de unas gafas. Pero sobre todo, en Rusia, en donde demostramos que México siempre juega de local. Donde sea esté la Selección, incluso a 10,200 km de distancia, retiembla en sus centros la tierra.