Músculos al aire

por Patricio Blando, Jorge Sosa y David Ladino

¶ Bastó con tener 14 años de edad para que Alejandro comenzara a ir al gimnasio. Él vivía en ese entonces a dos cuadras de uno y, como sus padres no lo obligaban a asistir a la escuela, él decidió mejor ir a trabajar en su cuerpo.

Con el paso del tiempo, Alejandro se volvió más y más independiente de sus papás. En México, dos de cada diez niños abandonan sus estudios, primordialmente, como en el caso de Alejandro, por falta de interés o sentido. Alejandro comenzó entonces a trabajar en lugares como el gimnasio de la esquina y como chef en un Toks. Pero llegó un punto en que el dinero que recibía en estos dos lugares no cubría sus necesidades. Un compañero del gimnasio que alguna vez estuvo en una situación económica similar, le contó que era contratado como stripper para despedidas de solteras y servicios privados. Los strippers muchas veces son reclutados en los gimnasios locales. Le contó que ganaba bien y fue en ese momento que Alejandro, a sus 19 años, entró al mundo del entretenimiento erótico.

 

 

Alejandro tuvo que preparar su vestimenta y darse una idea de una coreografía que dejara espacio para improvisar. Al principio fue difícil, como cualquier oficio, pero después de un tiempo fue ganando popularidad en su zona y su fama se fue expandiendo poco a poco. Su comisión también fue mejorando junto con sus shows. En México, sin importar que seas hombre o mujer, puedes recibir una hora llena de placeres por $1,800 pesos, lo que cobra un stripper varón promedio.

Los strippers deben de alimentarse adecuadamente y cuidar de su cuerpo, ya que este es su fuerte económico. Todo el dinero que ganaba en ese entonces, Alejandro lo invertía en su cuerpo; la única herramienta que necesitaba.

Al principio disfrutaba el hecho de que me estaban pagando por algo en lo que yo trabajé y me esforcé mucho: esculpir mi cuerpo. No fue trabajo fácil y siento que con el dinero me reconocían todo ese esfuerzo.

Su perspectiva cambiaría en el futuro. Pronto Alejandro decidió dar shows en clubs para strippers a un público más grande. El público incluía aquel de las noches gay en los clubs y aquellas y aquellos que se lanzan a tratar de toquetear y gritar comentarios calenturientos. La paga sería mejor, ya que ahora cobraría por show. Esto le permitió a Alejandro abandonar su otro trabajo como chef, un trabajo que exigía el doble y pagaba la mitad. Además, nos dice Alejandro, un stripper no tiene horario fijo: cuando le llamaban se arreglaba e iba a dar su servicio y eso significaba fugas repentinas de su trabajo como chef. Decidió, pues, enfocarse en el trabajo como stripper. No podía partir su cuerpo en dos, y eso significó un problema cuando comenzó a no rendir en sus entrenamientos en el gimnasio; su complexión física sufría esos estragos.

Sin embargo, siempre tuvo un recurso al alcance: el uso de esteroides.

Yo prefería inyectarme, sentir la adrenalina. Al final del día, con tal de verme más mamado, hacia lo que fuera. Yo lo veía así, entre más mamado, más paga. Cada centímetro más en los brazos lo veía como un atrayente extra para los clientes. La gente se reúne en estos lugares para este tipo de cosas, para explorar sus remordimientos, y para experimentar las imágenes sucias que guardan en la mente.

Daniella Giacomán, una periodista, indica que la vida de los strippers no es como la pintan. Fuera de los bullicios, los gritos atrevidos y los deseos calenturientos, esto: la soledad y el engaño. «Una de las primeras cosas que hay que hacer con la percepción en torno a las strippers es sustituir el estereotipo por la realidad de la diversidad», señala Jennifer Ward, otra estudiosa del tema. Incluso detrás de un diseñador gráfico o un contador público puede haber un stripper.

El mundo de las strippers es un poco diferente al mundo de los strippers. Muchas veces las strippers tienen coreografías hechas por un bailarín mientras que sus contrapartes masculinos lo tienen que hacer todo solos. Desde su vestuario hasta sus coreografías. También difiere la paga: las strippers tienen un saldo la mayoría de las veces y es complementado por los famosos tips o propinas del público. A los strippers se les paga por show, pero su paga no es fija y los clientes no acostumbran a dar propina. La mejor paga para los strippers normalmente viene en noches especiales o temáticas como la noche gay o la noche latina, donde viene más gente, nos dice Alejandro. Hay ocasiones en las que las y los mismos strippers deben pagar a los clubs para hacer su show.

 

 

Desde muy joven, Alejandro sabe que lo que pone comida en la mesa ha sido su cuerpo. Su trabajo como stripper se basaba en entregar su cuerpo a un público.

Se puede decir que nada más pagaban para ver mi cuerpo, nadie se preocupaba por cómo me sentía ese día. Las mujeres sólo llegaban a calentarse y se iban. Muchas pagaban por servicios exclusivos, pero era por los ánimos, no porque en verdad estuvieran atraídas a mí emocionalmente. Mi cuerpo era su juguete de a ratitos.

En su antiguo trabajo, él debía causar excitación a mujeres en un club nocturno. Alejandro siempre se tomó muy en serio su trabajo:

Contaba con una ley propia la cual se basaba en nunca enamorarme de una clienta.

Sin embargo, Alejandro conoció ahí a su esposa, rompiendo la propia ley que se había planteado.

Conocí a mi esposa mientras le ponía mi cola en su cara. Nos reímos porque así es justamente como los perros se conocen, ¿no?, oliéndose el rabo.

Ese día Alejandro cambió de la noche a la mañana; dejó el baile y ahora vive con su esposa y carga a sus dos hijos.

Un día, uno de ellos lo invitó a su escuela para que platicara acerca de su trabajo. ¿Cómo le explicas a niños de corta edad lo que es ser un stripper? ¿Y si la maestra pedía una demostración? Él, nos dice, no se quería arriesgar. Debía cambiar, no tanto por él sino más por la imagen que sus hijos iban a tener de él y su oficio.

Al final les tengo que dar para tragar, pero no quiero lidiar con los traumas psicológicos que les pueda llegar a causar mi oficio.

A muchos strippers les cuesta dejar el escenario. En varias entrevistas, distintos strippers nos comentaron que suelen ganar bastante dinero en una noche y, por eso, el trabajo puede llegar a ser adictivo.

Alejandro hoy trabaja como entrenador en un gimnasio, su hábitat natural. Él considera que tiene el mejor trabajo del mundo. No quería dejar de presumir su cuerpo de la manera que él considera adecuada, nos dice.

Entrevistándolo, nos dimos cuenta que a Alejandro le cuesta trabajo visitar ese rincón oscuro de su pasado; trata de evitarlo a toda costa. Asegura que su vida como stripper fue sólo un período más en su vida, un período difícil que ha quedado en el pasado.

 

 

Pero quién sabe. La chispa que lo impulsó a ofrecer su cuerpo como servicio podría llegar a encenderse de nuevo. Recientemente Alejandro solicitó incluir su perfil en un grupo stripper de Facebook.