Chulos y prostitutas –un perfil de Dave Chappelle

por José Pablo Castañeda

¶ ¿Qué hace el que trabaja ocho horas diarias y apenas y le alcanza para dar de comer?, ¿qué hace la mujer que, además de esto, debe soportar los múltiples acosos cotidianos?, ¿qué se hace cuando, además, el jefe te dice que tú eres el que gana del trabajo y no él con tu trabajo?, ¿qué hacemos con todo este cinismo?, ¿y qué hacemos cuando a todos los de fuera, al Gran Mundo del éxito y la presunción y el like, no le podría importar menos porque somos minoría? ¿Qué hacemos cuando los policías matan indígenas y estudiantes y gente indefensa?, ¿nos hacemos chulos, prostitutas o rateros para drogarnos mucho y vivir poco?

Y diría Nina Simone que tenemos nuestro pelo, nuestra cabeza, nuestros cerebros y nuestros oídos. Que tenemos nuestros brazos, nuestros dedos, nuestros pies y nuestra sangre. Que tenemos vida. Y chance sí, pero también tenemos a Iceberg Slim que empieza Pimp relatando la terquedad de su madre por quedarse con el niño y el odio de su padre, que culminó con estrellar al mismo Iceberg contra la pared después de estar borracho y pobre. Después de un día más de ser negro, pues. Y nos dice Iceberg Slim que quizá no te hagas chulo (hombre que trafica prostitutas y vive de ellas) con la pregunta «¿soy chulo porque odio a mi madre?», pero sí con la repetitiva respuesta «soy chulo porque es lo que puedo ser».

De aquí sale Dave Chappelle, una prostituta, una de Comedy Central, nacida un 24 de agosto del 73 en Washington D.C., pero criada en Ohio. Aparece, pues, Dave Chappelle y de alguna forma le quita odio a esta cultura racista y le pone risa. Lo hace como cualquier comediante: empieza en clubs de mala muerte, con abucheos de doce personas. Pero sigue y sigue hasta salir en el Def Comedy Jam de HBO y en el Late Show de David Letterman (el que no se trataba de Trump todos los días). Incluso llega a salir en algunas películas que comenzaban a burlarse de los estereotipos raciales e inauguraron el género stoner. Con esto, la prostituta Dave Chappelle generaba dinero; hablaba y era deseada.

El reconocimiento individual llegó en el 2000 (busco hombres de París) con su primer especial: Killin’ them softly, que lo catapultó a la cúspide de la ironía racial de todas las razas mezcladas en Estados Unidos. En una sociedad que todavía no vivía con el miedo de las Torres Gemelas, Dave Chapelle podía burlarse de los estereotipos hacia los negros y de lo estúpido que se podría ver el (¿ex?) cocainómano y futuro presidente George W. Bush en la Casa Blanca. Pero las Torres se cayeron (así como Salvador Allende 28 años antes) y la prostituta debía agarrarse de algo antes de caer. La droga todavía no era suficiente y a la vida le faltaba dar su vuelta de tuerca.

De donde se agarró fue de Comedy Central. Dos años después del suceso que causó variaciones en la mentalidad del estadounidense promedio y que sirvió para ocasionar una guerra petrolera, Dave Chapelle y Comedy Central firmaron un contrato de 50 millones de dólares por el Chapelle’s Show. Un show increíble de un negro flacucho y dientón que tocaba temas culturales estadounidenses: estereotipos raciales, incongruencias políticas, cultura pop. El show tuvo tan buenos resultados que lo sacaron en DVD (se nota que es el 2003) y firmaron un contrato para darle parte de las ventas a Dave. Pero a la prostituta lo que le importaba era seguir su standup. Como el trabajador que trabaja todo el día con la ilusión de regresar a su casa a hacer lo que ama, pero estando demasiado cansado para hacerlo; como el cariño a un hobby que desaparece en la rutina y la memoria, la popularidad del show lo llevó a grabar su segundo especial, For What is Worth, en el auditorio donde comediantes como George Carlin, Richard Pryor y Robin Williams habían actuado antes.

Pero el problema de la prostituta y del hobby frustrado reventó. Así como lo planteaba Durkheim con el suicidio fatalista que callaba pasiones en los esclavos, a Dave le callaba las suyas el mismo público. Haciendo standup, a los asistentes les dejó de interesar lo que tenía por decir y prefirieron que siguiera hablando como el personaje de su show. El punto de quiebre llegó y Dave tuvo que dejar de ver a su audiencia, a los de abajo, como lo que quería que fueran: verdaderamente libres. A dejar de pensar que

la revolución beneficia al pobre, al ignorante, al que toda su vida ha sido esclavo, a los infelices que ni siquiera saben que si lo son es porque el rico convierte en oro las lágrimas, el sudor y la sangre de los pobres.

La decepción de la representación negra que en su comedia buscaba demostrar que esa misma raza, los de abajo, eran lo suficientemente inteligentes para entender que el show quería representar lo inteligentes que ellos mismos eran. La desilusión de la prostituta que pensaba que su gente entendería que no merecen ser siempre el esclavo y que drogarse mucho y vivir poco no vale la pena. La desilusión de ver que en su audiencia, aún en la minoría que esperaba representar, «hay –diría Ibargüengoitia– mucha gente, pero muy pocas personas».

Dave abandonaría la producción del Chapelle’s Show que saldría al aire el 31 de mayo del 2005 para irse a Sudáfrica y redescubrir lo que el tiempo quita. Dios perdona, pero el tiempo a ninguno. Dave se fugó para abandonar al chulo y dejar su vida de prostituta que no garantizaba más que una corta vida. Para recordar y reconocer a su padre muerto que nunca lloró por andar de esclavo mediático. En Estados Unidos, claro, lo que se especuló fue que Dave se fue por tener adicción con las drogas o por tener una enfermedad mental. ¿Nos podría importar menos la ética?

La comedia que buscaba darle importancia y valor a los afroamericanos se convertía en la burla de los blancos. Llegó el punto donde la prostituta se vendía a sí misma y a su gente para que se rieran de ellos y no con ellos. La prostituta se había convertido en el chulo. Relata Dave el momento específico donde, grabando un sketch, alguien blanco del staff se reía de una forma que lo hacía sentir incómodo: «Fue la primera vez que sentí que alguien se reía de mí y no conmigo», afirma.

Dave regresó con actuaciones esporádicas de standup, haciendo sorpresivas actuaciones en HBO y produciendo algunas películas económicamente exitosas. Sonaban rumores de que regresaría a el Chapelle’s Show, pero después de que Comedy Central transmitiera los episodios perdidos de la temporada incompleta, en lugar de darle valor a la prostituta, Dave decidió nunca regresar.

 

 

 

Pero regresó. En el 2013 con Funny or Die y en todos los talkshows posibles. Salió en una película de Spike Lee en el 2015 y en el 2016 recibió un Emmy por salir en SNL, además de anunciar un contrato con Netflix que le darían 20 millones de dólares por cada especial de standup que sacara con ellos. Sacó cuatro y recibió un Grammy por los primeros dos. Este año Dave Chappelle salió en el debut direccional de la película de Bradley Cooper: A Star is Born.

Supongo que el deslinde de la prostituta es esperanzador: el esclavo no debería elegir entre ser esclavo, chulo, prostituta o ratero para vivir poco y drogarse mucho. Supongo que no está bien que nos convirtamos en el chulo que se vende a sí mismo y usa como prostitutas a su misma gente para poder sacar algo de su propia miseria. Porque, si bien no tenemos razón para vivir, no tenemos por qué dejarnos que el jefe o la sociedad, que son mayoría, nos quiten la razón para morir (Túpac dixit). Supongo que Dave regresó para demostrar que la revolución, como sea pero pacífica, sí puede beneficiar al pobre ignorante que toda su vida ha sido esclavo. Para que ni el jefe ni la sociedad conviertan en oro nuestro sudor y nuestras lágrimas.