¡Ábranse, perras!

por Alexandra Miles Arias y Valeria García Granados González

¶ Calor que sofoca. Como entrar a un coche que ha pasado un tiempo bajo este sol de mayo. Piernas, brazos, torsos al descubierto. Morenatzos de fuego en pose. Nada disminuye la tensión de la piel, agujas de luz la perforan. Bronceador, bloqueador. El humo que desprende el asador se pega al sudor. La alberca está por mame. Está sola. Nadie está en el agua. Un pato inflable y dos modelos la adornan. Una revista pasa la hoja. Deslizamiento filoso. Y otro. Otro más. Ya casi te cortas.

Un paso. Ricky Lips casi anota. Una canasta de básquetbol para el desmadre. GLORIA TREVI, se lee en letras grandes con un degradado de colores que va del morado al amarillo. Taconazo. Cynthia Lee Fontaine se mezcla con los árboles de atrás. Sus hombreras más voluminosas que su cucu. Botas de oro carítzimas de París. Dos pasos. Jessica Wild en pose. Hace rendición de cuentas a su nombre. Más rápido. La Cucu baja al crescendo de la música. ¡ÁBRANSE PERRAS! inunda la pantalla con tipografía de mírame y muérete de envidia. Diez segundos de video y este ya es parte de la cultura LGBTTTIQA por los siglos de los siglos. ¡Y amén!

Yo [Cynthia Lee Fontaine, la Cucu] soy una transformista y soy puertorriqueña, y tengo la oportunidad de promover mi comunidad hispanoamericana y poderme conectar con esa parte tan bonita de nuestra cultura, la tradición y el calor que nos caracteriza a todos los hispanoamericanos en todo el mundo, eso para mí son una satisfacción y una alegría muy grande.

¡Estruendo! Reflectores y música. Entrada de pasarela. Pelo suelto, como le gusta andar. Culazo. Colaza blanca de plumas. Y con tacones más grandes que la homofobia en México. La falla del sistema aparece: La Trevi, un ícono intocable, empoderadísimo, de perra máxima. Y efectivamente, ¡ábranse, PERRAS! que ya llegó la buena. La más buena.

Y todos la miran. La sensualidad de la doña es enfatizada en una toma de cuerpo completo, donde luce su brillante figura de 51 años. Casi de mármol, la entalla un traje blanco con cristales y un escote al ombligo. Parece la cruza entre un candelabro y un pavorreal. Hasta sorprende al güey de la carnezota, que sostiene un bisteck en el asador. Jessica Wild, que tiene su asadito atrapado en duck tape, luce su leotardo de gemas detrás de La Cabrona.

Para una Gata, una Perra; para una Perra, una Loba; para una Loba, una Leona, y para una Leona, ¡esta Cabrona!

Los lentes de sol bajan a la nariz. Se arma el huateque; la raza de la alberca se activa. Los morenatzos de fuego se quedan boquiabiertos. Huele a humo. Sí se hizo la carnita asada porque ya llegó el fuego. El que viene de allá, del abuso, de la opresión. La chispa que se prende cuando se da cuenta de que fue violentada. Como un #MeToo dedicado a Sergio Andrade. O al país entero, por los mil 310 asesinatos registrados por homofobia en 20 años. Ella viene de allá y ya no se regresa. La comunidad LGBTTTIQA tampoco.

Para el segundo «¡ábranse, perras!», dos onvres blancos en flotis se erizan. Enseguida celebran la power walk de Gloria junto a la alberca. La que llaman loca, pero que realmente está desesperada (¿coincidencia?) llega a despeinar a todos y a prender la fiesta. Es lo que mejor sabe hacer: despeinar a la sociedad y prender la revolución. Que escoge (su batalla), que toca (temas «delicados»), que a todos (provoca); ha provocado al machismo, al monopolio en medios de comunicación mexicanos, al abuso en la industria del entretenimiento. Y esta vez, provoca al sistema heteronormativo.

Me identifico con la comunidad LGBT porque sufrimos preconceptos, calumnias y rechazos de parte de un sector que, más que «virtuoso», es miedoso, falto de experiencia o hipócrita, ¡y señalan buscando no ser señalados!

Por supuesto, la Trevi vuelve a ser el alma del desmadre. De otra revuelta. De todas las que quiera. Parece que le encanta. Se ponía sus medias rotas, sus botas y, con el pelo suelto, nos cantaba lo que ella quería para las mujeres: un mundo libre. Pero también nos contaba lo que ella estaba sufriendo. Denunciaba, exhibía, provocaba. Hoy se pone joyas y canta por alguien más. Por dos comunidades. Esta señora destruye al deber ser. Siempre.

¡ESCÁNDALA!

Y vuelve a ser ella. La Trevi. La que arma una escándala a donde va. Siempre en deuda, extiende su mano a la comunidad LGBTTTIQA. La comunidad que la dotó de brillo y lentejuelas cuando todo lo perdió. En el ocaso de su vida, cuando fue privada de su libertad y de su gente, fueron fieles a sus himnos. Pasó de tener una fortuna de 80 millones de dólares a acusaciones por violación y secuestro de menores.

Cuatro años, ocho meses y ocho días le llevó a la justicia mexicana reconocer mi inocencia. Y fui una cortina de humo para las muertas de Juárez.

Salió con las manos vacías y acudió a aquellxs a quienes ahora defiende. Le rinde tributo a la comunidad LGBTTTIQA desde 2006, con Todos me miran y, ahora, con Ábranse perras. Lxs invita al ruido, al desmadre y a la visibilidad. Y todxs juntxs van en contra del viento. Si dicen blanco, ellxs vuelven a decir negro.

Durante tiempos difíciles no fue ella. La que lloraba amargamente abandonada en un rincón, no era ella. Esta sí. Volvió a ser la misma de los 90s pero rica, carítzima, linda. Luce su pelatzo, cuerpatzo y tiene nuevos pasos. Más dramáticos, por decirlo de una manera. Más posados, por decirlo de otra. El brillo y la bola de disco de la escena se opacan con esta perra. Varios afros se mueven al ritmo de su música. Todo se ambienta en los setentas, la época en que Harlem fue testigo de las primeras casas de vogue, principalmente para negros y latinos queer. Todo parece encajar, a excepción del vato de la tanga naranja.

Cuando Madonna hizo vogue para la comunidad heterosexual –dice Jessica Wild–, fue como «¡Oh! Mira este baile de Madonna», pero ella sabe que el vogue es de nuestra comunidad.

La escándala corporal que explota en el momento es vogue. Este baile reproduce las poses de lxs modelxs del mundo de la moda (de ahí el nombre), series de artes marciales, ballet y pantomima. El fin es tirar shade. Mentar madres, vaya. En vez de pelear, se baila. Gloria siembra cizaña. ¡Qué adecuado juntar a cuatro drag-queens latinas para este manifiesto! Gloria baila por ellxs. Porque ellxs son ella. Somos todxs.

Nos dan justo lo que necesitamos: una buena barrida. Gloria nos barre con su mirada y levanta el polvo que décadas de opresión y marginalización han dejado. El empoderamiento se da cuando una persona actúa libremente, ejerce sus derechos y es miembro equitativo de la sociedad. Cuando asume su poder desde su propio ser. ¿Quieres hacer un punto? Incluye a una minoría. ¿Quieres hacer una diferencia? Empodérala.

He hecho drag por 19 años. Empecé en 1998. Soy un bailarín, soy un artista de maquillaje, soy un actor, y con Jessica, lo soy todo.

La miramos divina, bellísima, fina, cueratzo, culatzo. Nos tiene dominados. A nosotros y al salón de clases donde aparece en escena. Ojalá nuestro sistema educativo enseñara diversidad e inclusión como ella les enseña pasos de vogue a los morros. También llega a interrumpir al sistema en otras etapas de madurez. Como en la oficina a los godinatzos y a los viejitos en la tele. Gloria, adoctrínanos. Ella coqueta, morena, mulata, rubia y alta. Bruja y hechicera, ella es lo que ella quiera.

Yo me identifico como no binarix. No me siento completamente hombre, pero tampoco completamente mujer. Siento que soy una diosa. Siento que soy mi propio género.

Todxs deberíamos poder ser quienes nosotrxs queramos. El derecho a la identidad de género es para todos los humanos. Cis, trans, no binarios. Todos. Lástima que solo en la CDMX pueda unx registrarse oficialmente con el género (binario) con el que se identifica, si no es el socialmente asignado.

Aparece por fin la perra de Valentina. Cobra un chingo, así se le paga solo medio video. Su vestido es una calabaza de Halloween ajustada y llena de glitter. Majestuosa. Según comentó Gloria en una entrevista que dio a Forbes, colaboró con ella en su otra canción Yo soy su vida porque es una fuerte y atractiva representante de la comunidad LGBTTTIQA. Es dulce, hermosa, picante. Valentina es vida.

Soy Valentina, una artista excéntrica, quien está abanderando a una comunidad de chicanos y gente homosexual. Siento que soy la representación de lo que es ser diferente dando esperanza a la gente. Recuerdo a ese niño que se miraba en el espejo y se decía: eres una estrella y algún día serás la más grande. Hoy, en estos tiempos tan duros en la administración de mi país, he sido bendecida como la voz de una comunidad despojada de sus derechos, y que busca vivir sus sueños. Ellos cuentan conmigo.

La pantalla se llena de arena. Regresa la atención a Gloria, su rostro oculto tras una burka del Deber Ser, de la opresión, del estigma, logra brillar. Logra tensar, estirar y rasgar la manta que la esconde. Se levanta. Y ellxs también. Después de siglos de rechazo, de ser forzadxs a vivir ocultxs. Finalmente rompen con lo que lxs cubre. Sale el sol del horizonte. Emergen alas majestuosas, para volar libre. No tiene un halo de luz porque la Trevi es el halo de luz. No es un ángel, es una diosa. Cayó al mundo mortal, llegó a arrasar.

 

 

Vivimos en una realidad en donde no es suficiente oprimir a la mujer, sino a cualquier manifestación diferente a la heteronormativa. Necesitamos una vengadora. Al empoderamiento personificado. A la alpha de la noche, que prende la luz en los cuartos más oscuros. Que ilumina los tabús que, apagados, en la sombra, en el clóset, respiran el fuego que su voz desprende. Seres de ceniza que se encienden con la revolución. Gloria hace arder a la sociedad y agita sus cimientos con violencia.

También me identifico con su lucha única, porque dicen que yo me levante de mis cenizas… y si hoy TODOS ME MIRAN, yo les digo que la comunidad LGBT me ayudó a levantarme… y que al final… ¡TODOS NOS AMARÁN!