El feminismo en cuarentena

por Abigail Flores y Mónica Torres

¶ Hemos desviado nuestra atención a una pandemia de la que sabemos menos de lo que publicamos. Todos los días nos saturamos de datos y de información incompleta que en vez de informarnos, nos confunde y nos alarma más. Pero lo más alarmante de todo no es el virus en sí, sino que el Covid-19 ha intensificado desigualdades existentes, aunque parezcan inexistentes. La principal víctima de la pandemia es la independencia de las mujeres.

La ONU Mujeres informó que el 70% de quienes trabajan en el sector salud y en el sector social son mujeres, y «hacen el triple del trabajo de cuidados no remunerado en comparación con los hombres». Yo diría que hacen el cuádruple. Mientras que las escuelas están cerradas, las mujeres se las ingenian para equilibrar su estabilidad económica con el cuidado de la familia, sacrificándose aún más.

En cifras de la Organización Internacional del Trabajo, 126 millones de mujeres trabajan de manera informal en América Latina y el Caribe. Eso equivale aproximadamente a la mitad de la población femenina de la región. «En América Latina, [la condición de las mujeres] se traduce en inestabilidad laboral, bajos ingresos y falta de mecanismos de protección», advierte Ana Güezmes, representante de ONU Mujeres para Colombia.

Las familias tienen que decidir quién cuidará a los niños, y la «practicidad» se ha convertido en un factor detonante para que las mujeres sean las responsables de hacer este trabajo. Ese unpaid caring labor, como diría Helen Lewis, ha hecho que muchas mujeres abandonen sus trabajos y dediquen toda su atención al hogar. En un reciente estudio, Julia Smith muestra cómo en las últimas crisis sanitarias no sólo el papel de la mujer ha sido ignorado, sino que menos de un 1% de los estudios académicos posteriores se han dedicado a estudiar este impacto. Es como si el trabajo se hiciera por sí solo y, mientras tanto, las mujeres permanecen en la sombra.

La presidenta del Sindicato de Trabajadoras del Hogar Independientes de Colombia (Sintrahin), Ana Salamanca, está preocupada por la situación que enfrentan las mujeres durante el periodo de cuarentena:

Para el trabajo doméstico no hay amparo. Todo nuestro sistema de trabajo desaparece. Las cuidadoras sostenemos la economía del país pero cuando pasa un problema no nos ven por ningún lado.

No todas las familias son así, claro. Las madres solteras se encuentran en una posición crítica. Ellas no se pueden dar el lujo de quedarse en casa porque tienen que mantener a su familia. Pero, si salen a trabajar, ¿quién cuidará de los suyos?

La presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Gasman Zylbermann, precisó que el 29 por ciento de los hogares son encabezados por mujeres, es decir, 9 millones 266 mil 211. Por si fuera poco, 472 mil 281 mujeres se dedican, además, a labores de enfermería en el hogar.

En México la tasa de informalidad femenina es del 57%, por lo que hay millones de mujeres que se resisten a quedarse en casa, como es el caso de Lizeth Galván, quien tiene un puesto de comida en el centro de la capital mexicana donde también cuida a otros familiares menores de edad que ya no van a clases por la contingencia:

Está bien porque son medidas que se deben tomar, pero nosotros que somos comerciantes no tenemos apoyo. Entonces no tenemos cómo sobrevivir porque nosotros salimos día a día a buscar el sustento.

La epidemia ha aumentado la frustración colectiva femenina ante la desigualdad de género. La economista Carmen Ponce señaló que, de cada 100 trabajadoras, 57 no tienen seguridad social, lo que quiere decir que no tienen derechos laborales; de ellas, 29% se dedica al comercio ambulante; 2.2 millones son trabajadoras del hogar mal remuneradas.

Así como el hogar no es un lugar de descanso para las mujeres, en muchas ocasiones es hasta un lugar de riesgo. El estrés, consumo de alcohol, así como las dificultades económicas, se consideran factores desencadenantes de la violencia en el hogar, y las medidas impuestas por esta cuarentena aumentarán los tres. Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afirma que «la violencia contra las mujeres es un problema global de proporciones epidémicas». Una de cada tres mujeres ha asegurado haber sufrido violencia física o sexual en una relación de pareja.

En España, en la primera semana de cuarentena se registró un feminicidio y una agresión que dejó a la mujer en un estado grave. El diario español El País recogió el caso de una mujer de 41 años que denunció que su agresor la «perseguía en secreto por la casa».

Las investigaciones correspondientes a abusos domésticos, sexuales e incluso feminicidios están en segundo plano, como es el caso del feminicidio de Leticia Gutiérrez Gutiérrez de 43 años y su hija Ximena, de 13. El pasado 21 de enero fueron encontrados sus cuerpos en sitios distintos y fueron identificados por Ana Paola, hija y hermana de las víctimas. «Han pasado dos meses y aún no hay detenidos y no sé si el homicidio de ellas ya esté reconocido como feminicidio, no sólo por la Fiscalía mexiquense sino por la policía federal, corporación a la que sirvió mi madre por más de 10 años», señaló la joven de 19 años.

La pandemia propició que las citas en la Fiscalía mexiquense fueran diferidas a una fecha indefinida. Hasta el día de hoy, Ana Paola sigue sin ser atendida por la comisión de atención a víctimas; no ha recibido apoyo terapéutico, legal ni económico.

Todos los políticos insisten en que hay que seguir al pie de la letra las medidas de seguridad para no expandir el virus, principalmente quedarnos en casa. Lo que no han tomado en cuenta es que esto no es posible cuando existe una desigualdad marcada y, desafortunadamente, normalizada en el país.

Al declarar el inicio de la fase 2 de la pandemia el pasado martes 24 de marzo, el presidente Andrés Manuel López Obrador sugirió que las mujeres son más responsables que los hombres del cuidado de sus familiares:

Es un hecho, es conocido que sobre todo las hijas cuidan a los padres. Los hombres podemos ser más desprendidos, pero las hijas están siempre pendientes de sus madres, de sus padres.

Además agregó que esta es la principal razón por la que México tiene millones de enfermeras. Esta es la realidad en la que vivimos, pero no es una realidad que deba ser normalizada.

Esta cuarentena hará más pesado el trabajo físico, emocional y económico de las mujeres. Ahora, más que nunca, se debe de asegurar que las empresas y el gobierno garanticen los derechos humanos de las mujeres. Ahora, más que nunca, hay que valorar el trabajo de cada una de ellas.

Por el momento las mujeres no están en cuarentena, el feminismo sí.