Cambio de pañales o cambio de vida

por Jimena Medina

¶ La interrupción del embarazo es legal en todo el país en caso de ser producto de una violación; en todos los códigos penales, menos en el de Querétaro, Guanajuato y Guerrero se permite cuando la vida de la madre está en riesgo; un 43.75% de los estados lo permiten cuando el feto tiene alguna deformidad grave o algún daño que pudiera impedirle una vida plena; en el estado de Yucatán, desde 1922, se considera el aborto cuando una mujer (que ya haya dado a luz a tres o más niños) no tiene las posibilidades económicas para poder criar otro hijo.

Para algunos $5,000 pesos son lo equivalente a salir de antro un mes, a un fin de semana a Puerto Vallarta o a comprarse un celular nuevo, sin embargo, para 8.7 millones de mexicanos esto equivale a un mes y medio de su trabajo, de esos $5,000 pesos dependen familias enteras para poder comer.

 

* * *

 

Julia tiene una buena vida para tan sólo tener 17 años, no tiene dinero para regalar, pero tampoco vive al día. Cursa su preparatoria en una escuela particular, es una buena estudiante, mantiene una beca de prestigio en su colegio, tiene una buena relación con sus padres y con su hermano. Todo en su vida va viento en popa.

Sin embargo, como toda buena adolescente, Julia se ha enamorado, y ha sido de uno de los mejores amigos de su hermano. Su nombre es Víctor, tan solo es un poco mayor que ella, tal vez por 1 o 2 años. Tienen un amorío lleno de hormonas, drama y, sobre todo, sexo; Julia nunca se atrevió a comprar algún método anticonceptivo porque «¿qué diría la gente?». Por su parte, Víctor no quiso comprarlos ni cuidarse porque dijo que «no se sentía igual». Pasó lo que tenía que pasar, Julia no menstruó por un par de meses, Víctor le compró una prueba de embarazo, esta dio positivo y Víctor huyó de la escena del crimen, dejando a la prueba que lo implicaba como cómplice en el vientre de Julia.

Julia esta aterrorizada. Miles de ideas cruzan por su cabeza, como las luces que pasaban rápido cuando estaba en un juego de la feria con Víctor. Decirles a sus padres, ni pensarlo, la colgarán de un poste. Confiárselo a su hermano, no, les diría a sus padres. Víctor lleva desaparecido más de un mes. El suicidio suena como la mejor alternativa, pero no, «demasiado vintage».

Julia se arma de valor, con 10 semanas de gestación y angustia, las últimas 7 llenas, además, de vómitos matutinos, llama a Víctor esperando una respuesta. Beep, beep, beep… Nada, buzón de voz, de nuevo. Vuelve a tomar el teléfono, pero está vez llama a una clínica certificada, una amable señorita atiende el teléfono, le da los informes y programan una cita para corroborar detalles. Julia va con su amiga, pero salen insatisfechas del lugar porque necesitan que algún tutor legal de la paciente vaya con ellas. La amiga de Julia le dice que ella conoce un lugar, porque una prima se lo había recomendado, además está cerca de su escuela, y le asegura que son «discretos y muy accesibles»; no tienen nada que perder, así que llaman a la clínica.

La voz, esta vez no es tan amable, es fría y llena de hartazgo, como si el sufrimiento del lugar se hubiera colado por sus pulmones y saliera por su garganta con una falta de tacto increíble. El protocolo es el mismo: les dan detalles y agendan una cita para evaluar la situación. El lugar es sombrío, aunque se ve limpio. Julia siente que el aura del lugar emana muerte… ¿Cómo no lo iba a hacer?, es una clínica de abortos clandestina, o al menos eso da a entender el folleto que les proporciona la lúgubre recepcionista.

Su turno aparece en el monitor. Esta vez nadie les pone ningún pero por no llevar a algún tutor responsable. Su amiga, al tener 18 años, es suficientemente responsable para los encargados del lugar. Julia entra a un cuarto que sólo tiene cortinas que lo separan de los demás, el médico la valora y le dice que el procedimiento que ella necesita para su situación es una aspiración; le va a doler de 10 a 15 minutos y el procedimiento tiene una duración de 4 a 6 horas, y requiere que la acompañe alguien, el médico le dice que puede ser su amiga. Julia se sorprende por lo fácil que suena… hasta que le dicen el costo: por la semana en la que se encuentra, el procedimiento tiene un costo de $5,000 pesos. Ella no tiene $5,000 pesos. El médico nota la inquietud en su cara y le pide hablar en privado, saca a su amiga del «cuarto» y comienza a tocarle el muslo, Julia lo quita por inercia, él le dice que si accede a tener relaciones con él, sólo le cobrará la mitad del procedimiento. Julia accede, sabe que no tiene opción, agenda la cita para el procedimiento y sale del lugar con su amiga en silencio. Toma su celular: beep, beep… ¿Julia?

Víctor ha respondido después de casi dos meses de desaparición. Julia siente una mezcla de emociones que van desde la euforia hasta ira, tiene muchas cosas que conversar, tantas que se acabaría el saldo de ambos antes de haberlas contado todas, por eso Julia le propone a Víctor encontrarse en un café cerca de la plaza a la que siempre solían ir. Él está de acuerdo, se despiden y Julia siente que las cosas tal vez no son tan malas.

Llega el día acordado para la cita, ambos se encuentran en el café (es un pequeño lugar con unas 10 mesas, un olor a pan recién horneado y mucho ruido en la cocina). Deciden tomar una mesa al fondo para que nadie pueda oírlos. Primero se ponen al corriente de todo lo que ha pasado estos últimos meses, parece que lo del embarazo es lo último que les importa, hasta que Víctor le pregunta: «¿qué vamos a hacer con… la cosa?». Julia palidece y le dice que ya consiguió una clínica en donde se van a encargar del problema, pero que necesita $2,500 pesos para poder pagar el procedimiento. Víctor le pregunta que para cuándo los necesita, ella le dice que tiene la cita el jueves de la semana entrante y él le dice que conseguirá la mitad.

Víctor cumple su palabra, le lleva el dinero a su casa el martes, dos días antes de la cita. Julia tiene que conseguir la otra mitad, ya que le tiene que llevar el dinero el miércoles, además de… la otra parte del pago. Para conseguir el dinero, le dice a su papá que un grupo de amigos de la escuela quieren hacer un viaje de fin de semana a San Miguel de Allende y que necesita $1,250 pesos para pagar su pasaje y su parte en la casa que van a rentar. Su papá no duda ni un momento, le da el dinero y le ayuda a empacar sus maletas. Él le dice que necesita divertirse más, a Julia se le rompe el corazón con cada playera que ve a su papá doblar.

Toma un camión y se dirige a la desagradable clínica para ver al doctor. Julia le da el dinero, él lo cuenta pasando un dedo cubierto de saliva por cada uno de los billetes, «el dinero está completo…», le dice. Se acerca a Julia mientras ella cierra los ojos para aguantarse las lágrimas y las ganas de vomitar. Después de una hora de agonía Julia sale sintiéndose peor que nunca, pero no hay tiempo para lamentarse, mañana es el gran día y tiene que prepararse.

Su amiga y ella llegan a la clínica, Julia está sudando, todas las consecuencias (sangrado severo, infección, peritonitis, lesiones en vagina y útero, incluso la muerte) que leyó en internet se reproducen a manera de película en su cabeza con ella como protagonista. Sucumbe al efecto de la anestesia con esas ideas en su cabeza y despierta en un cuarto diferente al de la operación. Su amiga está en la silla del cuarto observándola, le acerca un vaso con agua. Dos horas después es dada de alta y van al hotel en donde se hospedaron para después de la intervención; Julia siente que hizo algo malo, pero no podía tomar otra decisión.

Llama a Víctor y acuerdan verse de nuevo en el mismo café, en la misma mesa. Parece que nada ha cambiado, la ciudad fluye igual, los carros siguen ahí, pero Julia siente que hay algo diferente, tal vez sólo es ella.

Al llegar al café, le dice a Víctor que todo ha terminado, que ya está arreglada la situación. Víctor le pregunta que cómo consiguió un aborto a un costo tan bajo, Julia se pone pálida, sabe que tiene que contar la verdad, así que se la dice toda a Víctor, este escucha en silencio la historia, como si estuviera en shock. Cuando Julia termina de contarle todo, Víctor suelta una lágrima e, intentando contener las que vienen detrás, se levanta de la mesa y le dice a Julia que es una cualquiera y una inútil, que no quiere volver a saber nada de ella en la vida. Con esas palabras sale del café, dejando a Julia en esa misma mesa con lágrimas en los ojos. Julia tenía razón, todo es diferente.

Llega el domingo y es hora de que Julia regrese a su casa. Al llegar sus padres le preguntan por el viaje y por sus amigos, ella les dice que está muy cansada y que necesita ir a su cuarto; su hermano la sigue, ella no puede más y le cuenta todo, él solo la abraza y le dice que todo estará bien, Julia sabe que no es así, siempre quedará marcado en su cuerpo, en su mente y en su corazón.

 

* * *

 

Julia es un personaje ficticio, pero su historia está basada en hechos reales. Su edad no es una casualidad, 17 años es la edad promedio de los embarazos adolescentes en México. El costo de la aspiración que se realizó es el que la mayoría de esas clínicas cobra, dependiendo de las semanas de gestación. Los costos van desde $2,500 (4 semanas) hasta $5,000 pesos (12 semanas). Los riesgos en los que Julia pensó antes del procedimiento son responsables de 1 de cada 12 muertes maternas. Julia pertenece al 44% de los abortos realizados en el mundo (abortos en adolescentes).

Sí, hay muchas alternativas en caso de que no puedas tener al bebé, sin embargo, para las niñas que sólo estaban experimentando, jugando a ser adultas, es la única salida que encuentran. Al no ser legal, estas jóvenes se exponen a gente con malicia que puede abusar de ellas, y no sólo en el ámbito sexual, sino también en el psicológico y en el económico. Por eso debemos considerar, ¿vale la pena arriesgar las dos vidas? Si el aborto se practica desde el inicio de los tiempos, ¿por qué no hacerlo seguro? ¿Por qué sentenciar a muerte por un descuido? ¿Se merecen las muejres una nueva oportunidad de pensar las cosas con más calma? Sólo ellas son las responsables de sus decisiones, pues sólo ellas se harán cargo de las consecuencias.