@la.amarillista

Una nueva forma de ser

por Luisa Parcero

¶ Esta cuarentena ha pegado duro. Cualquier lugar al que voltees está inundado de información catastrófica: «El mundo se adentra a la recesión», «Clases en línea lo que resta del semestre», «Trabajar sin acceso a la salud en tiempos de covid-19». Pero, casi nadie habla de lo que tendremos que afrontar después. ¿Qué sucederá cuando la catarsis al fin nos llegue?

Poco se escucha de lo que viviremos cuando esto se acabe, y es iluso pensar que nuestra manera de organizarnos y de vivir volverá a ser como era antes. Sin embargo, seguimos con nuestra ideología capitalista productiva, en donde si no se sale de esta situación de encierro con 30 libros leídos, aprendiendo a hacer una voltereta triple e ideando una empresa innovadora, todo lo que pasó fue para nada.

Ese sentimiento de completitud que nos causa la productividad no es más que un efecto secundario de las instituciones, empresas y patrones metiéndose en nuestra cabeza para hacernos creer que solamente valemos como seres humanos si producimos algo fenomenal, nunca antes visto, excelente, y que además sea capaz de generar ingresos. ¿En dónde queda nuestra relajación, ese rico sentimiento de descanso, de ocio, de hacer un dibujo que sabes que no es el mejor, ni tiene la técnica más limpia? ¿Dónde está ese placer de poder ser mediocres sin sufrir una consecuencia monumental y que llegue a costar la vida?

Estos momentos que estamos viviendo nos muestran que no estábamos preparadas para un fenómeno de esta magnitud. El presupuesto es insuficiente porque hay recursos desviados, las desigualdades hoy resaltan más que nunca, millones de personas perderán su empleo, entre otros hechos horribles. Buscar formas para reformar nuestro actuar y mitigar los efectos colaterales que la mala gestión de gobiernos y empresas (e individuos) ocasionan es fundamental en estos tiempos.

Leyendo a Yásnaya A. Gil, caí en cuenta que existen otras formas de poder ser. Otras formas de participación política, autodeterminación y autogestión que nos podrían convertir en personas más resilientes y más libres. Libres de un Estado con fallas sistémicas causadas por el colonialismo y capitalismo, factores esenciales de los Estados nacionales que hacen daños monumentales en las vidas de las personas oprimidas (en palabras más dulces, los menos privilegiados). En su ensayo «Un nosotrxs sin Estado», Yásnaya Aguilar invita a imaginar nuevos escenarios más allá del Estado en todas sus formas. Ella piensa que al radicalizar nuestro pensamiento e intentar arrebatarle funciones a éste, podemos conformar una verdadera comunidad:

[…] nos dicen que hay que trabajar para mejorar el funcionamiento de las instituciones estatales y esperar que ellas respeten el ejercicio de las autonomías. La realidad, sin embargo, muestra que en ese camino no cabe mucha esperanza.

Debido a que Yásnaya creció en un entorno familiar entusiasmado por el comunismo y la URSS, su tesis principal está centrada en la libertad de las naciones indígenas y la desaparición del Estado como organización política hegemónica, sin embargo es importante analizar estos aspectos y estas situaciones que enfrentan las comunidades originarias para poder hacer una reflexión sobre cómo nos podrían servir estas prácticas anti Estado en nuestra contemporaneidad y en nuestro contexto eurocéntrico.

Hoy, la situación merece ser atendida con una nueva perspectiva y con un planteamiento totalmente diferente al que teníamos en el pasado. Ahora que las economías están colapsando, que se notan las fallas en los gobiernos, y que sobresalen aún más las desigualdades sociales, es necesario pensar otra forma de poder ser, actuar y hacer política.

Claro está que, en este sistema en donde el gobierno aborda la crisis construyendo un régimen de trabajo que se basa en la explotación de las trabajadoras y los trabajadores más débiles (repartidores, agricultores, obrerxs), a cualquier persona que no se encuentre en la punta de la pirámide social y racial se le abandona en medio del caos para después acusarle de no seguir con la normatividad que las personas privilegiadas impusieron.

El Estado es como un patrón: no le importan los derechos fundamentales de las personas a menos que se pueda ser productivo y generar capital. Aquí entra la reflexión que hicimos con el texto de la lingüista Yásnaya Aguilar: debemos pensar nuevos escenarios en donde la mano laboral y la clase trabajadora puedan llegar a prescindir del Estado y encuentren, poco a poco, su autogestión y autodeterminación.

Frente a nuestros ojos se desenvuelve todo, nos estamos dando cuenta de que el mundo no gira sin la clase obrera; los grandes empresarios y patrones son prescindibles, y sin embargo, ellos siguen teniendo todos los privilegios con el respaldo del Estado.

Esta pandemia ha causado en nosotros un alto desde lo más profundo de nuestro ser, y al salir de ella, debemos empezar a idear una nueva forma de ser: más colectiva, sorora, autogestionada e inclusiva, dejando atrás al verdugo que tenemos dentro de la cabeza que nos castiga por tomar tiempo para el autocuidado, la relajación y la mediocridad. Dejemos de lado este sistema opresor e híperproductor. Empecemos a idear comunidad.